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Hoy me han llegado algunos saludos que me hicieron caer en cuenta que, al menos aquí en Argentina, hoy se celebra el "Día del Maestro"...

Naturalmente podemos, como con todo festejo o acontecimiento que llegue a nuestras vidas, hacer de esto un mero intercambio superficial, un evento social o familiar sin mayor trascendencia, una mención protocolar que no se ve acompañada de una profunda sustancia o, idealmente, volver incluso cada suceso insignificante en toda una excusa ideal para conectarnos con lo más excelso de lo excelso. Y el Día del Maestro no es una excepción a la regla.

Al recibir saludos y agradecimientos de estudiantes y personas que consideran que aprenden algo de mi persona, me veo naturalmente en la situación de preguntarme cómo abordar correctamente todo esto sin sucumbir al falso encanto de la glorificación, el aplauso y demás sub-productos que surgen del uno aceptar una posición de enseñanza o guía.

Naturalmente viene a mi mente la famosa frase de Srila B.R. Sridhara Maharaja: "Somos todos estudiantes, eternamente". Este tipo de conceptos nos enseñan qué significa realmente convertirse en un guru de algún tipo (pues a todos nos corresponde volvernos maestros de una forma u otra, en una situación u otra), y llegamos a la conclusión de que ser maestro significa ser estudiante. Buen estudiante. En última instancia, maestro y estudiante se convierten en sinónimos, pues un verdadero estudiante inevitablemente se convierte en maestro a través de su ejemplo y conducta ideales, así como de los preceptos que comparte en semejante contexto. 

Muy en especial la idea de maestro se aplica ante todo al conocimiento espiritual, pues existen diversos tipos y niveles de maestros, pero aquellos que nos entreguen las enseñanzas más valiosas, permanentes y conectadas a nuestra necesidad real, se volverán naturalmente nuestros referentes más importantes en esta vida. Y es sólo sobre la base de dicho compromiso e intento de agradecimiento que uno acepta en cierta medida el rol de enseñar a otros, pues en definitiva enseñar a otros no es otra cosa que compartir todo aquello que ha llegado a uno por la gracia y enseñanza de toda una serie de maestros.

Así, aceptar volverse maestro significa incrementar el nivel de disciplina en uno mismo, volverse más y más discípulo. Pues para realmente ser guru y no perecer en el intento, uno debe ver a todos los demás como nuestros gurus. Y si poseo dicha visión, más que aceptar estudiantes o discípulos sólo sentiré que estoy aceptando más y más gurus, más y más almas que mi guru me envía para ocuparme responsablemente en su servicio. Y todo esto me hará sentirme más y más discípulo, quedando así protegidos del falso envanecimiento que siempre está a la orden del día.

Entonces, un día como hoy somos universalmente invitados a meditar y reflexionar con profunda introspección acerca de qué tan buenos estudiantes/maestros estamos siendo, qué tan fervientemente estamos anhelando representar nuestra escuela de pensamiento a través  de palabra y precepto, y qué tan preocupados nos encontramos en recibir una mayor misericordia que nos permita involucrarnos más intensamente con los aspectos más profundos y confidenciales de la enseñanzas. Pues no olvidemos, somos estudiantes eternos, y más aún vinculado a una temática inacabable como lo es la espiritual, y de esta forma un verdadero maestro se sentirá siempre invitado a un nuevo nivel de experiencia y realización, y desde ya a luego compartir todo ello con plena disposición al sacrificio, humildad y valentía.

Aprovecho entonces esta oportunidad para agradecer a todos aquellos maestros que han marcado mi existencia y lo seguirán haciendo, muy en especial también a aquellas almas que en esta vida se consideran mis adversarios o me consideran a mí algo por el estilo, y que por ende a través de tal actitud me invitan a aplicar al máximo el sagrado tercer sloka del Siksastakam de Mahaprabhu, donde la plena humildad, tolerancia y respeto nos son concedidos como una condición irreversible para ocuparnos apropiadamente en nuestra práctica devocional. Así que muchas gracias a todos ellos, y oro por poder situarme cada día un poco más apropiadamente en todo lo que implica el ser un aspirante a maestro, y por ende más aún en todo lo que implica el convertirse en un buen discípulo y estudiante.

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 SANTIDAD FORZADA

¡A no pre-fabricar lo sagrado!

Verdadera vida espiritual tiene que ver con esto. Santidad. Cómo lograr desarrollar cualidades divinas, cómo hacer que el alma alcance un estatus de pureza inmaculada en todo su esplendor. Muchas vidas pueda quizás tomar semejante emprendimiento, pero una cosa no quita la otra, y así debemos comprender que la santidad no es un tipo de jerarquía impuesta, una corona que se recibe burocráticamente luego de haber cumplido con toda una serie de formalidades que institucionalmente pueden exigirse en muchas así llamadas agrupaciones espirituales. No. La santidad es un asunto exclusivo del alma. Es un trabajo interno, íntimo y confidencial, que acontece en la más recóndita cueva de nuestro corazón. Y allí, en semejante y secreto rincón, el practicante procura que la llama no se apague, que el fuego todo-purificante de la oración continua se mantenga en un constante esplendor, el cual cada vez iluminará con mayor potencia cada faceta de nuestro espacio interno. Verdadera santidad tiene que ver con cómo volvemos algo cotidiano en un instante sagrado y extraordinario, y a su vez cómo somos tomados por lo extraordinario y logramos volverlo parte de nuestro día a día. Nadie puede a obligarnos a ser santos, ni nosotros mismos deberíamos hacerlo tampoco: la santidad es una cuestión de fervor incontenible, de imparable efervescencia que todo lo inunda, sin permitir mayores consideraciones. Tratemos de acercarnos cautelosamente a semejantes etapas en donde la búsqueda se volverá natural y no forzada. No nos obliguemos a un grado de santidad que aún no tiene por qué pertenecernos, pero tampoco demos la espalda a aquel aspecto de lo divino que sí debe ser urgentemente cultivado por nosotros hoy, y no mañana siquiera, pues de otra manera jamás lograremos llegar a las más altas cumbres de lo sagrado. El mundo necesita desesperadamente santos genuinos, y no figuras moldeadas de forma premeditada: ejemplos imposibles de evadir, que con su conducta y actos nos demuestren que sí es posible hacerlo, que no es imposible incluso para nosotros ser parte de tan noble  agrupación. Sin este tipo de estímulo, será superficial y mecánico el intentar avanzar espiritualmente, por lo que nuestra práctica y cada uno de nuestros intentos deben estar cuidadosamente avalados por miradas superiores, por el consentimiento de corazones que han llegado finalmente allí. Todos necesitamos de la santidad, lo sepamos reconocer o no. De hecho, el aprender a reconocer nuestra dependencia de ello es uno de los más fundamentales aspectos de toda educación fidedigna. Desarrollemos así un carácter santo, puro, divino. No es imposible. Tampoco es fácil. Pero repito: no es imposible. Por lo que lo único que resta es indagar apropiadamente acerca del método que nos vaya transportando en tal dirección. Nuestros días están hechos para esto. No hay mayor sentido a nuestra existencia que el hecho de llegar a enfrentarnos cara a cara con la santidad potencial que nos acompaña, y muy en especial con aquellas grandes personificaciones de todo lo que puede ser santo. Al menos, no nos neguemos la chance de intentarlo una vez, pero bajo la guía adecuada y en la dirección correcta. Semejantes experimentos nunca serán en vano. Que la santidad emerja entonces de cada poro de nuestro ser, y entre todos sepamos inundar y ser inundados por ese, el único océano deseable para sumergir por siempre nuestras vidas y hacer de nuestras almas eternos participantes del más deseable juego amoroso.

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Anoche intentaba dormir dentro del cuarto de nuestro monasterio campestre en General Rodríguez, cuando a la distancia comienzo a oír una serie de alaridos supuestamente de alegría pero a su vez mezclados con insultos, tambores y demás particular combinación sonora. Luego de esto repetirse durante ciertas ocasiones, llegué a la conclusión de que debería haber algún partido de fútbol y que la selección de Argentina debería estar jugando y ganando. Luego confirmé ello al día siguiente al llegar a la ciudad.

Pocas cosas me causan más dolor que ver a otra persona feliz por algo de lo que en verdad debería estar avergonzándose prácticamente, y eso es justamente de lo que fui testigo anoche: un millar de almas pensando que están ganando algo, tratando de compartir un supuesto sentimiento en común, el cual está totalmente basado en una falsa identificación del ser, todo lo cual nos hace olvidar más y más quiénes somos realmente.

Es notable observar la desesperada sed de alegría que tiene el ser humano, y cómo sin incluso ser consciente de ello se mantiene corriendo de cada oportunidad que le permita identificarse con algo, sentirse parte de algo, y en especial sentir que ese algo nos lleva a la "victoria". Así, en semejante necesidad terminamos adoptando falsos designios, creyéndonos parte de un país y sobre esa base distorsionada intentando experimentar algo que nos satisfaga, todo lo cual desde ya siempre dependerá de que al otro equipo le vaya mal.

Así, ninguna felicidad real puede existir si la misma depende de la infelicidad de otros. Intentemos aunque nos cueste tratar de incorporar estos conceptos para así no sucumbir al impacto de la ola del falso ego, la cual por momentos nos invita a creernos algo hasta que eso deja de funcionar, y así sucesivamente hasta que llegue el sagrado día en que comprendamos y aceptemos nuestra verdadera y eterna identidad como almas, y dediquemos el resto de nuestra/s vida/s a satisfacer la real necesidad de nuestro corazón: prema, o amor divino.



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LA INJUSTICIA NO EXISTE
A diario resuena esta palabra en cada rincón de este planeta. Miles de causas nobles alzan su voz para combatir lo que usualmente es entendido como una injusticia tras otra, e incontables almas consagran toda su existencia para luchar a favor de la justicia y en contra de lo que se opone a ella. Así, la pregunta que en este artículo intento hacer/me es: ¿Existe realmente la así llamada injusticia? ¿O solamente estamos hablando de una muestra de justicia mal percibida por nuestra persona? A continuación intentaremos descifrar algunos de estos interrogantes, los cuales hasta el día de hoy afectan y dirigen el día a día de millones de seres, y por lo tanto se vuelve una temática digna de ser encarada con el mejor de nuestros entendimientos...

Por un lado, entendamos qué es lo que generalmente se entiende por el término “injusticia”: A la hora de invocar esta palabra, solemos tener la sensación de que algo “no debería estar pasando”, que “no es justo” y por ende, que otra cosa debería estar ocurriendo en lugar de eso (todo esto desde ya aplicado a nuestro propio caso y al entorno que nos rodea). Así, el aceptar esto implicaría entonces que no existe en absoluto una agencia universal que se mantenga administrando equitativamente aquello que a cada uno de nosotros nos corresponde recibir de acuerdo a nuestros actos previos. En otras palabras, aceptar la idea de injusticia automáticamente nos lleva a aceptar la idea de que no existe la justicia perfecta, y que por ende no hay alguien por encima de nosotros que esté concediendo apropiadamente a cada cual el fruto de sus respectivas acciones.

De más está decir que si pienso así y al mismo tiempo elijo creer en Dios, a su debido tiempo estas dos ideas chocarán inevitablemente una con la otra, pues terminaré considerando que si Dios existe entonces él no es lo suficientemente justo ante las supuestas injusticias del mundo, y por ende hay algo que escapa a su control y así sucesivamente podemos terminar concluyendo (peligrosamente para nuestra fe) que Dios no es tan poderoso como se suponía, y en última instancia perder hasta tal punto la fe en alguien así, que directamente concluiremos que no existe. De hecho, la base de gran parte de los casos de ateísmo que en la actualidad podemos ver, se ven mayoritariamente impulsados por este conflicto para la mayoría indescifrable, en donde al ver cosas como violencia, robos, violaciones y guerras, naturalmente terminamos pensando en términos de injusticia, todo ello afectando el crecimiento de nuestra fe y natural confianza en un ser supremo que se encuentre lidiando apropiadamente con cada plano de la existencia.

A este respecto vale destacar un no tan pequeño detalle, el cual está ligado al concepto de reencarnación y más de una vida: Generalmente solemos considerar algo como injusto, pues ponemos sobre la balanza la situación en sí que pueda estar aconteciendo, y solemos luego comparar ello con lo que esa persona hizo, fue o vivió en estos últimos tiempos, o como mucho en esta vida. Así, muchas veces los cálculos no nos terminan cerrando, y consideramos que “tal persona no merecía eso” pero para esto basándonos en una relativa y   limitada mirada a su presente encarnación, la cual sólo representa un pestaneo en la eternidad que no necesariamente nos termina iluminando respecto a este tema.


Por ello, para intentar resolver este enigma debemos ante todo comprender que no sólo tenemos una vida, sino infinitos pasajes por las más variadas experiencias pasadas así como futuras, y que en el momento presente simplemente nos encontramos cosechando el fruto de aquello que hemos sembrado, ya sea en esta como en otras vidas previas. De esa forma podremos explicarnos con mayor coherencia toda una serie de múltiples situaciones que de otra forma permanecerían desconocidas para nosotros, entendiendo que existe un trasfondo de vidas pasadas que justifica la situación presente, así como también existe una proyección a vidas futuras en donde continuaré recibiendo constantes oportunidades para cambiar aquello que en el presente aún no he logrado hacer.

Como un caso práctico a este punto, podemos por ejemplo pensar que alguien que en esta vida sufrió una violación muy probablemente hizo esto mismo a alguien más en su vida pasada. Desde ya que no necesariamente esto tuvo que haber sido así, pero sí muy probablemente esto haya ocurrido. Y no debemos ver tal situación como un castigo, sino simplemente como la reacción kármica inevitable que genera cada acto, y que en su trasfondo siempre intenta educarnos, ayudarnos a liberarnos de diversas deudas adquiridas, y así en última instancia aprender, crecer y evolucionar.

Al decir esto no propongo desde ya que uno se cruce de brazos si se puede impedir que algo de todo esto ocurra (todo lo cual estaría ligado al último punto que mencionaremos en este artículo), y a su vez lograr que los implicados en la situación puedan cada uno aprender sus respectivas lecciones. No. Desde ya que si podemos generar alivio en tales momentos eso no es algo indeseable, pero a su vez debemos asimilar lo inevitable de la así llamada injusticia con una comprensión superior que nos permita ver cómo lo que quizás hasta hoy consideramos injusto, sólo es visto así debido a nuestra falta de perspectiva del panorama completo de la situación: ¿Cuántas veces no hemos sentido en carne propia que algo era injusto en nuestras vidas, para luego realizar que esa supuesta injusticia cumplió un propósito totalmente instructivo, justo y más aún incluso, pero que sólo luego de un tiempo pudimos darnos cuenta de ello?. De igual forma, intentemos aplicar entonces este mismo criterio a cada caso que se cruza en nuestro propio camino.

Es por ello entre otras cosas, que me atrevo a decir que la injusticia no existe. No existe, pues en verdad si nos detenemos a analizar exhaustivamente, lo que sí existe en verdad es aquello que generalmente solemos conocer como karma, el cual también es llamado “justicia infalible”: Si la justicia podría llegar a ser infalible, entonces no habría lugar para injusticia alguna. Pero debemos aprender a comprender esta ley para realmente aceptar dentro nuestro este principio y de esta manera dejar de luchar contra algo creado en nuestras mentes, pues comprender el karma implica aceptar la existencia de un supremo controlador quien todo lo rige a través del amor y el afecto principalmente, pero para aquellos que no desean voluntariamente aceptar esto, existe entonces otra forma en la que se nos invita a crecer, y así esta ley incorruptible concede exactamente aquello que nosotros mismos generamos dentro de nuestra vida separada del designio y la dulce voluntad divina, como el famoso ejemplo del boomerang, el cual regresará en base a cómo nosotros mismos lo habíamos arrojado. Muchas voces protestarán e incluso se indignarán ante esta idea, porque desde ya la misma nos invita a hacernos plenamente cargo de cada uno de nuestros actos, pensamientos y deseos, y así algunos preferirán entonces la opción sentimental de criticar, quejarse, hablar de injusticias y culpar a alguien más de lo que le ocurre en el mundo, a los demás y a nosotros mismos. Pues cuando pataleamos ante la supuesta injusticia, lo único que hacemos es mostrar qué tan negados estamos a reconocer nuestros errores y el cómo eso que ha llegado es el justo y exacto resultado de mis actos previos.

De esta forma podemos anotarnos en infinitas causas para combatir los diversos factores de injusticia que cada cual percibe de acuerdo a su posición, pero al hacer esto nunca estaremos tampoco solucionando la raíz de todo problema. Pues problema sólo hay uno, y es el egoísmo o la falta de amor. Y todo lo demás (violencia, abusos, explotación, etc.) son sólo síntomas de esta raíz. Por lo tanto, uno puede elegir intentar aliviar el impacto de los síntomas o desenraizar por siempre el problema en cuestión: Si sólo tratamos de resolver los sub-productos del problema y no la raíz (para lo cual existen incontables causas las cuales no podríamos abrazar en su totalidad nunca), naturalmente el problema de raíz continuará generando una y otra vez los mismos síntomas, y así nos mantendremos ocupados ad infinitum en una labor ilusoria e impermanente. Por otro lado, si logramos acabar con el egoísmo (comenzando desde ya por casa), naturalmente todos sus síntomas desaparecerán por añadidura. Así, las grandes personalidades siempre nos recomiendan invertir nuestro valioso tiempo y energía en esta extraordinaria posibilidad llamada vida humana e intentar resolver así el problema de raíz, y no pasar nuestra vida en vanos intentos superficiales por atender la cubierta externa de las cosas. Por ende, la mayor labor caritativa y benéfica que podemos realizar para otros y nosotros mismos, es entregar aquel conocimiento vinculado al alma, que nos enseña cómo abandonar una vida de egoísmo y sumergirnos profundamente en el espíritu de dedicación que tanto caracteriza a nuestro ser y su potencial respectivo.

De esta manera y retomando nuestra temática inicial, el ver injusticia sólo nos mantiene entonces en un panorama parcial que no nos permite aceptar la realidad en su totalidad y es así como quedamos impedidos de una profunda aceptación del control superior que todo lo rige, y todo ello en conjunto es justamente lo que no nos permitirá ser verdaderamente compasivos, pues esto último implica solucionar de la más profunda manera posible aquello que obstaculiza nuestro progreso hacia la meta última de la vida, la cual es el amor puro, desvinculado de toda motivación egoísta.

Como cierre a este artículo existe un último punto que quisiera compartir, especialmente para aquellos que aún deseen insistir con el concepto de injusticia. En caso de querer continuar empleando este término, podemos entonces hacerlo en relación a algo llamado “misericordia sin causa”: Este concepto nos habla de algo que se encuentra incluso por encima de la justicia infalible (con la cual la mayoría de nosotros saldríamos perdiendo a cada paso de todas formas) y en donde se aplica el sagrado principio de “ayúdame cuando menos lo merezca, porque allí será cuando más lo necesite”. En este caso sí podríamos llegar a decir que la misericordia es “injusta” (en el buen sentido de la palabra) pues no hay justicia alguna allí, ya que lo que uno merece recibir es dejado atrás y trascendido por completo, para uno terminar recibiendo aquello que tal vez no merece, pero sí necesita. Desde ya que para entrar bajo el refugio de semejante departamento debe haber en nosotros  profundas experiencias de humildad, arrepentimiento y sinceridad, todo lo cual nos llevará naturalmente a sentir la necesidad de ir más allá de la justicia y poder encontrar descanso en el amparo de la gracia inmaculada. Llamemos a esto entonces, “sagrada injusticia”.


De esta forma, es nuestro deber y necesidad unánime el lograr ir más allá de la limitante idea de injusticia y poder apreciar la posición irrefutable de la justicia infalible, para luego de esto trascender incluso esto último y poder en última instancia encontrar nuestro eterno hogar bajo la guía de la divina e injusta misericordia sin causa.

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Muchas veces corremos el gran peligro de juzgar o considerar a otras personas: a) por lo que hacen (externamente) o b) por el resultado (externo) de aquello que hacen, cuando en verdad sólo deberíamos c) estar prestando atención a su motivación interna: desde dónde hacen lo que hacen, por qué hacen lo que hacen, y no tanto qué hacen o qué resultado surge de ello por fuera.

El verdadero resultado de toda acción va mucho más allá de lo que nuestros ojos mundanos puedan jamás ver o apreciar. Y a lo largo de los textos revelados y la vida de grandes personalidades, podemos fácilmente comprobar cómo en muchísimas ocasiones se cumple esta gran verdad representada en una frase popular: las apariencias engañan. Por lo que es algo delicado es considerar al mundo y las personas allí presentes, en base a conclusiones que sólo toman en cuenta hechos externos y todo tipo de apariencias relativas, sin considerar el principio activo, el factor interno que todo lo mueve por detrás de todo.

Así, cuando vemos que alguien hace o hizo algo, o cuando oímos esto o aquello acerca de quien fuera, si realmente somos sinceros y estamos preocupados por el real bienestar de esa persona y de todos (incluidos nosotros mismos), nuestra principal y única "preocupación" siempre debería ir dirigida a preguntarnos cómo se encuentra esa persona internamente, y cuál es su motivación dentro, la cual lo lleva a actuar de una u otra forma.

Y al leer todas estas palabras, también tengamos cuidado en no utilizarlas como una forma de auto-victimización y de sentir que "esto que el Swami dice es cierto, y los demás me están juzgando externamente como aquí se menciona". Más bien primero preguntémonos con la mayor de nuestras sinceridades, qué tanto nosotros podemos aún estar cometiendo este error para con los demás, y en la medida que detectemos esto humildemente, muy probablemente comprendamos que mucho de lo que sentíamos venir de otras personas, era en verdad un reflejo/reacción de aquello que ante todo, nosotros mismos estábamos dirigiendo a nuestro entorno, consciente o inconscientemente.

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A continuación deseo compartir unas breves palabras para todos, en relación a las fechas festivas que se acercan por estos lados del planeta. Dado que durante la próxima semana o más no estaré teniendo prácticamente acceso a Internet, es por ello que hoy envío estas líneas...

Pese a que dentro de mi práctica devocional específica fechas como la Navidad y Año Nuevo no son necesariamente celebradas (pues la primera celebra algo que de hecho aconteció en otra fecha, y la segunda celebra algo que dentro de nuestra escuela es festejado en una ocasión diferente -Gaura Purnima-), al mismo tiempo y siguiendo el principio de yukta vairagya (que implica vincularlo todo como una "excusa" que siempre nos termine conectando con lo Supremo), podemos en tal caso convertir estos acontecimientos en grandes oportunidades para seguir intentando crecer.

En ambos casos, este tipo de eventos suelen crear una sensación de "nuevo ciclo", en donde se nos invita a cerrar un determinado capítulo de nuestra vida para comenzar otro, idealmente más próspero, auspicioso y favorable. Todos anhelamos en lo más profundo de nuestros corazones que esto de hecho ocurra, pero al mismo tiempo debemos tener en claro que para que todos nuestros deseos, oraciones y pedidos se hagan realidad, los mismos deben ir acompañados por nuestra persona: en otras palabras, debemos saber acompañar nuestras solicitudes con una conducta que, junto a la incomparable gracia divina, generen como resultado final el logro de nuestras más anheladas necesidades.

De esta manera estos días pueden ser transformados en incomparables chances de reflexión, auto-análisis, y un sincero repaso de cómo ha sido conducido nuestro año, de todo aquello que debemos agradecer (o sea, todo), y de todo aquello que debemos modificar para poder agradecer lo que aún no sentimos digno de agradecimiento.

Todo el dolor, sufrimiento, así llamados problemas y momentos difíciles que hemos tenido que atravesar a lo largo de este año que ya se termina de acuerdo al calendario gregoriano, quiere mostrarnos algo, quiere dejarnos profundas huellas en nuestro corazón, a través de las cuales nuestra próxima etapa se vea marcada con nuevas enseñanzas y aprendizajes, todo lo cual siempre se presenta en nuestra vida en la forma de aquello que más nos cuesta reconocer, trabajar y superar. Así, más que intentar escapar de huir velozmente de semejantes desafíos, en verdad debemos avanzar cada día más firmemente hacia ellos, y saber enfrentarlos con paciencia, madurez y confianza.

Si algo de este período que cierra no fue como deseábamos, es una hermosa chance de aprender a incluir y considerar la voluntad divina en nuestras vidas, el deseo de Dios quien también intenta convivir con nuestro libre albedrío, y al que todos los grandes sabios nos han recomendado que sepamos hacerle un lugar en nuestros corazones, hasta que finalmente podamos ver y sentir que el éxito en nuestra vida no depende de que las cosas salgan como "nosotros" queremos (pongo comillas pues muchas veces ese sentido del "nosotros" poco y nada tiene que ver con nuestra verdadera identidad), sino más bien de que aprendamos a aceptar cómo es que las cosas salen más allá de nuestras expectativas, deseos y cálculos: el saber ser feliz cuando todo escapa a nuestro control, constituye una de las más importantes muestras de sabiduría que podemos atesorar en nuestra alma.De esta manera, intentemos aprovechar sanamente estos días que se acercan en la dirección apropiada, y en lugar de sólo distraernos de nuestras necesidades reales bajo el nombre de la diversión o el "pasarla bien", logremos pasarla bien y divertirnos sin justamente tener que distraer nuestra mirada de aquel llamado fundamental que no deja de sonar en lo más profundo de nuestros rincones. El poder celebrar estas y cualquier otra ocasión con este tipo de espíritu, es lo que realmente volverá "fiesta" a cada instante y respiro de nuestras vidas...

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Si uno arroja un hueso a un perro, el perro siempre correrá detrás del hueso, sin observar ninguna otra cosa aparte de ello.

Por otro lado, si uno arroja un hueso a un león, él, alzando su cabeza y lamiendo sus labios, comenzará a buscar a aquella persona que fue quien arrojó el hueso.
En otras palabras, en lugar de uno quedar principalmente preocupado o enredado en el fenómeno externo en sí, es mejor indagar acerca de la entidad que puede proporcionarnos una experiencia más "suculenta", intentando así ver, buscar y encontrar a aquella persona quien ha situado ante nosotros el fenómeno externo.

Este simple ejemplo nos enseña acerca de la importancia de volvernos esencialistas en nuestra vida y práctica, y aún más importante que esto, nos instruye acerca de la forma en que debemos aprender a ser esencialistas: no quedar absortos en los efectos, en las reacciones, sino más bien intentar conectarnos con la causa del efecto, con la acción que generó la reacción. Si no hacemos esto, podremos pasar buena parte de nuestra vida atentos a algo que no estaremos enfocando ni comprendiendo apropiadamente.
Cada vez que algo nos ocurre en nuestra vida, es de fundamental importancia saber comprender su trasfondo, ir a la raíz de aquello que en última instancia generó lo que tengo ante mis ojos, y no simplemente quedar (como el perro con el hueso) cautivado por la forma externa de lo que sea que esté ocurriendo, sacando conclusiones erradas en base a un fenómeno externo, sin comprender su causa, su propósito, su mensaje interno allí presente.

Fácilmente podemos cometer este error y juzgarlo todo a nuestro alrededor en base a este "principio perruno", en donde simplemente observamos un aspecto insignificante y parcial de la situación en sí, quizás juzgando lo que alguien hace o dice pero sin tomarnos el tiempo de averiguar por qué lo hace o con qué motivación dice lo que dice, etc., o sin tampoco tomar en consideración a aquella persona que está permitiendo que todo eso ocurra, aquella entidad suprema que todo lo controla y que es nuestro mayor bienqueriente y por ende, si permite que algo acontezca, será para el mayor de nuestros beneficios.

De esta forma debemos adoptar la "postura leonina", y más que vernos distraídos y confundidos por los incontables huesos que se pasean ante nuestros ojos en la forma de cientos y miles de propuestas, personas, situaciones, palabras, ideas, etc., debemos saber ponernos en contacto con aquel "motor original" que todo lo genera y todo lo permite, y que a través de cada acontecimiento está intentando desesperadamente transmitirnos un urgente mensaje de afecto, esperando él pacientemente detrás de todo este asunto cósmico:  así como un muchacho molesta a una joven muchacha con la intención de llamar su atención y en algún momento lograr establecer un vínculo afectivo con ella, de la misma forma el Supremo nos sacude por momentos, con la única intención de llamar nuestra atención y dejar en claro sus intenciones para con nosotros.


¿Y cuáles son esas intenciones? Como tan bien dice mi Maestro Espiritual, todo en este mundo es un telegrama del Supremo de una sola palabra: Ámame.

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Compartir un mensaje tan excelso como el que recibimos a diario de la tradición espiritual es todo un desafío. Ante todo, esto implica intentar traducir al limitado recurso de las palabras, toda una serie de experiencias, vivencias y sentimientos sobrenaturales que grandes almas del pasado y del presente vibran en forma inconcebible. No sólo las palabras no alcanzan para transmitir semejantes impresiones, sino que en muchas ocasiones la capacidad de tanto la audiencia como el orador se encuentran limitadas a sus respectivas realizaciones a través de las cuales observan la realidad y perciben inevitablemente el proceso devocional.

Podríamos decir entonces que la tarea de toda sucesión discipular genuina es buscar dentro de sus posibilidades dar el mayor y mejor testimonio posible de lo que está aconteciendo en el plano superior del amor divino, pese a que cada uno de sus intentos sean experimentados por tales almas como fracasos incompletos que no llegan aún a dar la verdadera impresión del sentimiento amoroso. Desde ya, todo este intento es digno de glorificación y debemos nuestra vida y práctica a semejantes seres quienes se han tomado el trabajo de consagrar buena parte de su existencia en buscar y encontrar el idioma propicio de acuerdo al tiempo, lugar y circunstancia para que cada uno de nosotros pueda beneficiarse en algún nivel por el contacto con el mensaje revelado.

No es en absoluto fácil tratar de presentar los tópicos más excelsos entre personalidades que muchas veces no poseen la plena cualificación para degustar tales temáticas sin malinterpretarlo todo en el camino. Por ello, los grandes visionarios de la verdad se embarcan en una exhaustiva campaña en la cual desarrollan los máximos niveles de empatía para así saber qué acontece en el corazón que tienen delante, y cuál será aquella palabra que impactará de la manera más certera para generar el tipo de inspiración que ayude a tal entidad a salir gradual pero efectivamente de la vida ilusoria.

Para que semejante tarea reformadora brinde un genuino resultado, tales preceptores de la humanidad toda buscarán en primera instancia haber asimilado, comprendido y degustado respetuosamente cada uno de los puntos que intentan compartir con el público. En otras palabras: ellos han sabido (por la gracia de sus propios instructores) explicarse a sí mismos todo aquello que intentan explicar a los demás. Pues de otra forma ¿cómo poder hablar a otros sobre aquello que yo mismo aun no comprendo del todo, o de lo cual no estoy plenamente convencido?Así, el guru-parampara, o una sampradaya, representa esencialmente una escuela de pensamiento más que una institución, la cual que transporta ideales fuera de lo común, y sus miembros, luego de haber diligentemente practicado sus diferentes niveles, compasiva y "desesperadamente" intentan develar el resultado de su práctica al entorno, en todos los miles de múltiples niveles y posibilidades que esto implica.

Y un punto que especialmente no se nos debe pasar por alto, es que a la hora de transmitir un mensaje divino en un plano no-divino, escrupulosamente se debe considerar una y otra vez todas aquellas influencias relativas que afectan la mentalidad no sólo del público, sino muy probablemente también del orador, de manera de poder entregar un discurso contemporáneo, que aborde en un lenguaje moderno las mismas temáticas milenarias que no dejan de presentarse en diferentes envases con el correr de los tiempos, y en medio de semejante intento cuidarnos de ante todo establecer las verdades fundamentales de nuestro sendero por encima de todos aquellos detalles de índole ritualístico, cultural, y demás fenómenos que pese a actuar como envases de la sustancia, también pueden terminar desviando nuestra atención de la misma si no estamos lo suficientemente educados como para lograr diferenciar exitosamente qué es un detalle, y qué es un principio básico, qué es un medio y cuál es su fin, y toda una gama de posibilidades en las que el practicante (neófito sobre todo) tiende a confundir una cosa por otra.

De esta manera, nos encontramos con el hermoso desafío de intentar practicar un mensaje que por un lado es milenario, pero a su vez que continuamente se desarrolla en su propia naturaleza de forma perenne y continua y por ende nos exige una continua adaptación, renovación y progreso. Y a su vez, se nos invita a dirigirnos a un público, a una sociedad, a una cultura que también presenta por una lado las mismas problemáticas de siempre, las cuales a su vez se presentan en variantes más y más novedosas y desconcertantes por momentos, todo lo cual nuevamente remarca la total necesidad de ser amplios, flexibles y estar profundamente sensibilizados y bendecidos con un criterio que nos permita desenvolvernos (tanto en nuestra práctica como en nuestra prédica) de una manera en donde las verdaderas necesidades de tanto el orador como la audiencia, sean debidamente abordadas y tenidas en cuenta. Esto sin dudas representa una labor titánica y compleja, y es por ello que elegimos continuamente mantenernos en el refugio de un contacto superior (Sri guru) y desde allí ser iluminados sobre los pasos a seguir.
Teniendo en cuenta estas directrices es que podremos transitar de forma firme y segura cada uno de los pasos que eventualmente nos transportarán hacia la meta última, y de esta misma forma poder contagiar de forma sustancial tales resultados a todo quien se cruce en nuestro camino.

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DIVINIZAR LA HUMANIDAD / HUMANIZAR LA DIVINIDAD
A menudo nos encontramos en nuestra vida cotidiana con situaciones las cuales nos llevan a considerar la necesidad de humanizar a la humanidad: con el paso del tiempo el ser humano exhibe síntomas cada vez menos humanos y más cercanos a la vida animal, hasta tal punto que comienza a ser peligrosamente común la consideración de que el ser humano "no es más que otro tipo de animal", pero aun así unos pocos vislumbran la necesidad de des-animalizar al así llamado humano, y realmente alzarlo a la plataforma para la cual está destinado en esta forma específica de vida que le ha tocado en este nacimiento. Así, el llegar a actuar como humanos es sin duda un logro admirable, el poder actuar, pensar y sentir de acuerdo al vehículo que en esta vida nos acompaña y de esta forma intentar generar nuestro aporte en el medio ambiente de la manera más constructiva posible, con el menor tipo de explotación y abuso, característicos de una humanidad animalizada.


Pese a esto, muchos de aquellos pocos que logran situarse en semejante plataforma, con el tiempo comienzan a experimentar un tipo de insatisfacción que les hace dudar sobre si el "volvernos humanos" constituye la verdadera meta de la vida humana, y así como en etapas inferiores esa insatisfacción llevaba al "humano" a intentar satisfacerse a través de sus más bajos instintos, en este caso (idealmente) tal persona comenzará a indagar en una dirección superior, hacia arriba. Con esto nos referimos a que el ser humano, en un punto de su evolución interna, comienza a cuestionarse sobre la posibilidad de divinizar su existencia. Todo esto lleva a semejante viajero a gradualmente vislumbrar cómo la presente identidad humana no lo era todo, y por detrás de dicha cortina existe un trasfondo divino, en conexión con valores supra mundanos, eternos, anti-materiales, etc.
Es por esto que ciertas almas han intensamente solicitado a la humanidad este llamado de atención: ¡Divinicémonos! No permanezcamos identificados a un sentido del ser que tiene un comienzo y un final, el cual se encuentra en constante movimiento y variación, por lo que nunca terminamos de establecernos ni asentarnos en una identidad definida, y yendo por encima de tales relatividades, conectemos nuestra esencia con la naturaleza espiritual que nos acompaña.

Al llegar a este punto muchas personas pueden experimentar un fuerte rechazo hacia la idea de divinizar la humanidad, y el propósito principal de este breve ensayo es justamente localizar una de las principales fuentes de disgusto que hacen al ser humano no verse inspirados en la dirección de divinizar su existencia.

En verdad, en gran parte la mayoría de la humanidad aún no se siente identificada con la idea de divinizar su vida, por el simple hecho de que a la hora de mencionar esta palabra (divinidad) la mayoría de nosotros tenemos una idea "demasiado divina" de ello, y por ende lejana e inaccesible, todo lo cual no nos permite sentirnos lo suficientemente en casa con dicha esfera de la realidad, y más que sentirla como algo que es parte de nosotros, terminamos experimentado un tipo de abrumación al sentir a la divinidad tan divina, y a nosotros tan animales, o humanos en el mejor de los casos. Me atrevo a decir incluso que la mayor parte de quienes se consideran ateos hoy en día, lo hacen por el simple hecho de que hasta el momento presente, no han sabido encontrarse con una manifestación de lo divino que satisfaga sus obvias y naturales demandas, atrayéndoles por encima de su experiencia presente de que "Dios no existe", y cosas por el estilo. Al yo expresarme en dichos términos, simplemente estoy mostrando mi rechazo hacia ideas de la divinidad excesivamente gigantescas, burdamente elitistas, inexplicablemente parciales, tristemente ensimismadas, salvajemente crueles o exageradamente endiosadas. Es por ello que la propuesta de estas palabras es la siguiente: Un gran primer paso para divinizar a la humanidad, sería humanizar a la divinidad.

¿Qué significaría esto? ¿Qué consecuencias implica semejante propuesta? Muy simple: a menos que logremos entrar en contacto con la divinidad en una forma lo suficientemente sensible y cercana a nosotros, la misma idea de divinidad no impactará en nuestro corazón como algo que pueda tener alguna empatía con cada uno de nuestros sentimientos y situaciones actuales. Por ende, es absolutamente necesario llegar a dar con aquella forma del Supremo que, en lugar de permanecer recluido e inaccesible a causa de su excesiva grandeza, poder y divinidad, prácticamente se vuelve uno más entre nosotros, olvidado de su grandeza, y experimentando de alguna forma u otra cada una de las situaciones y sentimientos que en nuestra vida cotidiana son la constante.

Desde ya, al mencionar esto no me refiero a intentar rebajar al Supremo a un plano temporal y dual, o limitarlo de forma alguna, sino más bien de entender cómo en su mayor plenitud de amor y compasión, el mismo Supremo naturalmente (y no por la fuerza de ninguna circunstancia ajena a sí mismo) adopta tal "aspecto" (el cual en verdad constituirá su verdadera identidad final), desplegando toda la gama de emociones que son tan parte de nuestro día a día. Eso sí: tales expresiones se verán totalmente libres del egoísmo que suele teñir nuestro rango emocional en este plano, y de esta forma se verán perfectamente armonizados los aspectos de humanidad como divinidad. En otras palabras, la plena expresión de la humanidad requiere un pleno contacto con la divinidad, y la plena expresión de la divinidad requiere a su vez un pleno contacto con la humanidad. Esta ley no conoce excepción, y se aplica en última instancia tanto a la humanidad (cada uno de nosotros) como a la Divinidad (el Ser Supremo).

Por ende, al establecer la necesidad de semejante combinación, puede surgir la pregunta de cuál sería entonces aquella forma divina que corresponda con una plena interacción en lo humano. Al pasearnos amplia y pacientemente por el panteón de las diversas religiones y analizar meticulosamente cada una de sus rincones y propuestas, de forma objetiva e inevitable llegaremos a una sección de la cual nos será (en relación a este tema) difícil escapar: Sri Krishna.

Sri Krishna corporifica el emblema de Dios sumergido en el más alto tipo de enamoramiento, el cual se da en su máximo exponente en este mismísimo planeta Tierra que nos encontramos habitando. Encarna así un tipo de humanismo divino en donde, por la fuerza del tipo de amor más inmaculado y puro, se ve irresistiblemente atrapado y atraído, así como sus devotos y amantes también lo son: ambas partes quedando absolutamente capturadas por la fuerza del afecto, la cual llega a ser tan poderosa, que hace al Absoluto olvidar que es el Absoluto, y a sus más amados sirvientes verle en términos de su sentimiento predominante como amigo, incluso hijo, incluso esposo, incluso amante. Todo sentimiento y toda emoción de la que hayamos sido testigos hasta ahora, encuentra su perfección y máximo exponente al ser centrada en la divinidad, y así la meta de nuestras vidas implica el aprender a re-dimensionar cada una de nuestras tendencias e impulsos, y lograr dirigirlos en aquella dirección que les permiten dar su pleno fruto.De esta forma, al toparnos en nuestra vida algo/alguien así, poco a poco nos sentiremos cada vez más atraídos a la idea de divinizar nuestra existencia, de entrar en contacto con aquel aspecto de la divinidad que se mueve entre nosotros, que acepta aparecer en nuestro mismo entorno, y desde allí dar testimonio del más elevado intercambio amoroso que podamos concebir. Lo que resta es parte del adentrarnos en semejante nueva etapa, y darle a nuestra vida otra oportunidad, permitiéndole degustar semejante concepto, que ya en teoría de por sí se presenta cautivante, y que al vivirlo e incorporarlo en cada uno de nuestros respiros, terminará de dar forma a nuestra real identidad última, aquella que nos está esperando expectantes bajo el amparo del más inconcebible afecto.

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La meta de la vida es amar, sin duda alguna. Pese a estar en desacuerdo sobre innumerables temáticas, fácilmente podemos todos ponernos de acuerdo en este punto en tiempo récord. La pregunta que seguirá a continuación, por ende, será: ¿Amar a quién/qué? ¿Empezar por dónde? La respuesta: La meta de la vida es amar al amor. Comenzar, continuar y culminar allí y sólo allí. La meta de la vida (o aquella situación que satisface nuestras más íntimas demandas y aún más) no la constituye el simplemente amar a otra persona, ni siquiera el amar a Dios me atrevería a decir, sino el amar al amor (que es aquella labor en la cual Dios mismo, en su forma más confidencial, se encuentra absorto).

Sólo cuando esto ocurra, naturalmente podremos amar a todos y todo lo demás, así como percibir ese amor atravesando todas las direcciones. El amor real, verdadero e inmaculado, por su propia naturaleza e inclinación tiende a buscarse inevitablemente cada vez más a sí mismo, a amar y amarse más y mejor. El lograr reconocer y respetar esta, la verdadera identidad del amor en toda su dimensión y aquella suprema ley con la que el amor elige presentarse y desarrollarse, es en verdad volverse un amante en todo el sentido de la palabra.

Usualmente intentamos amar a alguien, pero sin estar demasiado preocupados en lo que esa persona se encuentra amando. En verdad por empezar, muy pocos son los seres que aman aún, que han aprendido tal arte, y entre tales seres vemos que la mayoría de ellos se encuentran consagrados principalmente a amar a Dios. Pero si yo amo a Dios (o a quien fuere) realmente, estaré sumamente preocupado en amar aquello que es el objeto de su amor, aquello que mi amado está amando. ¿Y qué encontramos entonces al dirigirnos al Supremo?: Él está consagrado eternamente a servir, adorar y glorificar al amor, y no tiene ninguna otra cosa que hacer aparte de esto, ya que semejante acto representa la total consumación de la existencia en su meta última la cual, una vez encontrada, no deja de crecer y expandirse por su propia fuerza amorosa. Esto es lo que los seguidores del bhakti definen como Sri Sri Radha-Krishna, y más específicamente Sri Gauranga Mahaprabhu, que representa aquella manifestación divina que no es más que el Supremo mismo entregado a servir, degustar y distribuir el más elevado tipo de experiencia amorosa.

Si yo no tengo amor, naturalmente no voy a sentir amor. El amor en su plena expresión final vive para amar al amor, y a ninguna otra cosa: sólo así (amando el amor) podré entrar en contacto con aquella, la más noble sustancia jamás concebida.

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 Reflexiones Post-Mundialistas
No recuerdo bien quién “inventó” el fútbol (al menos dentro de este plano), pero si mal no recuerdo esto aconteció en Inglaterra. Sea quien fuere, no considero (aunque también lo dudo en algún punto) que su creador oficial haya tenido en mente a la hora de concebir su obra, el desarrollo que la misma tendría con el correr del tiempo, muy en especial a la hora de hablar del máximo fenómeno a través del cual hoy en día se expresa y vincula a este deporte: el Mundial.

En este breve artículo intentaré compartir una serie de reflexiones ya propuestas años atrás en un posteo llamado “Breve Psicología del Gol” (http://suenaverdadero.blogspot.com.ar/…/breve-psicologia-de…), pero aquí tratando de expandir un poco algunas de las ideas allí presentadas. Al hacer esto no deseo sonar atacante, crítico ni insensible, sino justamente buscar hallar herramientas que a todos nos permitan comprender profundamente el trasfondo emocional, psicológico y espiritual que lleva al Mundial a ser lo que fue, es y muy probablemente seguirá siendo...

Imagino (quisiera creer) que alguien además de mi persona ha contemplado estos puntos, e incluso hayan podido presentarlos de manera más puntual, profunda y contundente con estadísticas, testimonios y diversa cantidad de pruebas de carácter más científico, que muchas veces son una de las principales formas en que las personas toman algo como autoritario o fidedigno. Así que si alguien posee algo de esto, por favor compartirlo aquí.
En fin, la idea aquí es compartir algunos pocos puntos en donde intento reflexionar e invitar a quien así lo desee, sobre las diversas razones y consecuencias vinculadas a participar de alguna forma u otra en este fenómeno social, mundial y quizás inter-espacial llamado “Mundial”. Con esto me arriesgo a perder en tiempo récord a la mitad o más de mis contactos de Facebook y sufrir un cyber-atentado como represalia, pero confiando en su correcta apreciación, aquí vamos:

Aparente sentido de la recreación
El Mundial nos es presentado como algo deportivo, recreativo, sano y divertido, o al menos muchas veces la mayoría de nosotros así lo vemos. Si analizamos en sumo detalle, veremos que pocas ideas pueden ser tan erradas como esto. El aspecto deportivo y recreativo no representa más que un 0,01% del evento en sí, el cual se ve principalmente motivado por intereses económicos, políticos, (así llamados) religiosos, sociales, fama, posición, publicidad, medios y toda una serie de consideraciones relativas que dan así lugar a mafias (comenzando por la FIFA misma), crímenes y abusos de toda índole, violencia, pobreza y demás calamidades, generando así un perfecto “evento máscara” que nos brinda la sensación de estar participando en algo, cuando por detrás de la pantalla la realidad es diametralmente opuesta y más aún. Para quien desee ahondar en este ítem, no tiene más que buscar en los medios al respecto, y lo que los medios no muestren, encontrarlo a través de un breve momento de reflexión y uso de nuestro sentido común.

Absoluta fomentación de un falso sentido del ser
Vinculado al punto anterior llega este, uno de los más obvios y nocivos elementos de captura y esclavización de las masas: fomentar el nacionalismo, patriotismo y demás “ismos” que aparentan estar brindándonos una sólida identidad sobre la cual proyectar nuestra existencia, todo lo cual no es más que una farsa creada por el egoísmo del ser humano. Por ejemplo, supuestamente nosotros somos argentinos. Pero alguna vez ¿nos detuvimos a considerar en detalle qué significa “Argentina”? Hay pocas ideas tan abstractas y carentes de personalidad como la noción de creerse de un país determinado e intentar identificarse con él. Originalmente, el Supremo no dividió el planeta en los países que hoy en día conocemos. Más bien, se nos enseña que en el pasado este tipo de divisiones no existían como tales, y todos los referentes que conocemos acerca de cómo se gestó un país no conocen excepción en cuanto a la cantidad de violencia, matanza, exterminio de pueblos autóctonos, violaciones de los derechos humanos y demás muestras de inhumanidad ha presentado el supuesto ser humano. Y Argentina no es la excepción a la regla, sino justamente uno de los países con mayor trasfondo de estos elementos de invasión y abusos varios, que más que hacernos sentir orgullosos deberían darnos vergüenza.
Así, un país es una creación que el ser humano establece, motivado por deseos egoístas y con lo cual se establecen fronteras, límites, divisiones, todo ello separando, alejándonos de la idea de ser todos hermanos y parte de una misma familia, y promoviendo la noción de países enemigos, en donde yo termino juzgando a toda una serie de individuos por el solo hecho de que nacieron de “esta línea para allá y no para acá”, y por ende no los quiero ni aprecio tanto como si hubieran aparecido de este otro lado. Con todo respeto, pero a esto lo llamo mínimamente paranoia.
Desde ya, el alma está desesperada por encontrar su identidad, encontrarse a sí misma y así abraza fervientemente todas aquellas propuestas que aparentan ofrecerle una solución a su interminable búsqueda, todo lo cual da lugar a miles de designaciones, tendencias e ideales con los cuales nos identificamos, para luego des identificarnos, etc. La idea de creerme parte de un país es algo totalmente externo, vinculado a una situación temporal y a este cuerpo físico, en ningún momento tocando realmente nuestro ser espiritual. Así, con todo respeto, un Mundial es algo que potencia peligrosamente esta tendencia a identificarnos con una nación y anhelar que semejante equipo “obtenga la gloria”.

Falsa sensación de triunfo
Como continuación al tema previo, podemos decir que el alma se encuentra en términos generales, grandemente frustrada en este plano mundano. Por ende, desde sus entrañas más profundas anhela experimentar (al menos una vez cada cuatro años) una sensación de triunfo, de gloria, de no seguir perdiendo una y otra vez. Quizás todos estos procesos aquí mencionados acontecen en formato subconsciente, pero allí están actuando sin duda en términos generales. Así, el Mundial representa esa chance casi divina de tocar el cielo, de sentirnos gloriosos, triunfadores al menos durante cuatro años hasta el Mundial siguiente (o hasta que, en todo caso, en algún momento alguien más gane la copa cuando fuere). Este fenómeno es lo que se conoce como “complacencia extendida de los sentidos”: si yo no puedo personalmente ganar, pero ganan “los míos”, “los de mi país”, al yo verme 100% identificado con ellos, también entonces gano. O siento que gano. Pero, siendo objetivos: ¿qué es lo que realmente gano? ¿Qué implica ganar un Mundial, si es que esto ocurriese? desearé que el otro equipo pierda, que le vaya mal, y esto pasa a ser algo anti-natural y dañino para el ser: desear el mal, la pérdida, al derrota o el fracaso a otros: entramos al mundo de la duali¿Cuál es la simbología de obtener un Copa Mundial, de lograr que un trozo de cuero inflado pase por dentro de tres palos, todo lo cual llamamos “gol”?


Por elegir vivir una vida cegada por las propuestas del egoísmo que fluye por doquier en esta sociedad, estamos condenados a vivir una vida de fracaso continuo, y siendo que el alimento del alma no es el fracaso precisamente, sigue existiendo dentro de cada uno de nosotros una sed de triunfo, el dejar de experimentar derrotas en todo el sentido de la palabra. Así, el anhelo por ganar un partido o un Mundial, no es más que tenue reflejo de aquella victoria interna que el ser procura obtener a cada paso, todo lo cual sólo llegará mediante un modo de vida basado en la dedicación por encima de cualquier otra tendencia.

Idolatría en su máximo grado
Hace poco un amigo me comentó acerca de la “Iglesia Maradoniana”. En un principio no podía creerlo, pero luego entendí que eso no era un chiste, sino una realidad muy seria e importante para muchas personas. Sinceramente sentí pena y compasión de saber hasta qué punto el ser humano puede volverse un idólatra, y así canalizar su innata tendencia hacia la adoración, ubicando en su altar a personalidades que, con todo respeto, dejan mucho que desear en general, qué decir de que sean puestos o adorados al mismo nivel o con el mismo nivel de absorción y energía que el que deberíamos dirigir hacia el Supremo y sus representantes. Los jugadores de un equipo de fútbol se vuelven profetas, dioses, mesías, héroes y demás adjetivos con los que muchas veces catalogamos a alguien que sentimos que nos representa, tal como se habla de “soldados que van a la guerra a defender la patria”, siendo todos estos eventos organizados y motivados por intenciones que no contemplan jamás nuestras verdaderas necesidades más íntimas. Adorar a un futbolista es idolatría, pues idolatría significa que yo adoro a alguien que no tiene la capacidad de reciprocar con mi persona, y pese a que en mi confusión considere que mi estrella reciproca al hacer un gol o lo que fuere dependiendo el rubro, ese tipo de aparente reciprocidad jamás toca nuestro corazón ni nos satisface durante mucho tiempo. De hecho, muchas veces cuando tales personas ya no nos brindan el deleite que esperamos de ellos, se comienzan a volver más y más en objetos de nuestra crítica e incluso odio: nuevamente podemos así comprobar cómo esa supuesta veneración sólo se veía motivada por nuestro deseo personal y egoísta e ser satisfechos a nuestro antojo, y la actitud de “mientras me das lo que me gusta, te quiero, adoro”. Pocas cosas son más hipócritas y dañinas que este tipo de pensamientos.

Desarrollo de sentimientos que contaminan el corazón
Al yo elegir participar de un Mundial, me veo en general obligado a ser parte un equipo y por ende desear que el mismo gane. Esto de inmediato activa el mecanismo de competitividad que en esta sociedad se encuentra presente de forma casi omnipenetrante, y que nos termina haciendo ver a todos como enemigos o potenciales adversarios, y así nos llenamos de temor, cálculo y no logramos entablar vínculos de amistad con nadie. Así, al yo desear que mi equipo gane, naturalmente dad, de amigos y enemigos, de buenos y malos, etc. Y eso no termina allí, pues si no logro manejarlo con madurez, tales sentimientos se transforman en odio hacia una “nación”, o rencor eterno hacia el jugador “X” que marcó el gol que hizo perder a mi equipo, etc., todo ello hasta el punto de la neurosis, violencia y demás instancias de desequilibrio. Y la paradoja detrás de esto es que si, por ejemplo, en el Mundial siguiente el equipo que me ganó en este luego le gana al equipo que me ganó en el Mundial que sigue, paso a quererlo en lugar de odiarlo, y así podemos ver qué tan superficiales e intercambiables son todas estas emociones aparentemente tan reales, las cuales van de aquí para allá dependiendo de la ocasión que más le convenga a mi ego falso.


El Mundial pasa así a volverse una especia de guerra, en donde mi país tiene que ganar la batalla, uno contra el otro, y deseo la derrota del otro, me regocijo incluso en su sufrimiento, me considero superior por el solo hecho de que mi equipo ganó tal o cual partido, y en fin, así el ser humano desarrolla un criterio y patrones de conducta que le hacen “relacionarse” y ver al entorno bajo tales lentes, todos los cuales no hacen más que distorsionar la verdadera realidad de trasfondo: todos somos en verdad parte de una misma familia. No existe más de una familia.

Distorsión emocional
Vinculado al punto previo y ya casi como cierre a este artículo, aquí algunas palabras sobre uno de los puntos más delicados a este respecto: la distorsión emocional que surge al involucrarnos en un entorno mundialista.

Considero que ante todo, decidimos sumergirnos en la experiencia mundialista ante todo por la intensidad emocional que ello provee. Quizás como ya dije, subliminalmente ocurra todo esto sin que nos demos cuenta directamente, pero haciendo un análisis profundo, veremos que ante todo buscamos tener la vivencia de experiencias intensas: fervor, adrenalina y demás palabras que siempre indican un alto grado dentro del termómetro emocional, todo lo cual nos hace sentir de alguna u otra forma vivos: es por ello que escuchamos a menudo expresiones tales como “Argentina es un sentimiento”, “El fútbol es pasión de multitudes” y cosas por el estilo. Así como buscamos vibrantes experiencias a diario al ver una película, escuchar una canción, ocuparnos en alguna otra rama del arte o demás campos, el alma naturalmente anhela vivir en un nivel de intensidad que le permita, valga la redundancia, sentirse viva. El punto es que el fútbol es, como cualquier otro método temporal, sólo una forma pasajera y fugaz de mitigar esta necesidad tan honda. Y debido a su naturaleza efímera, desde el mismo momento en que nos vinculamos con ella sentiremos una especie de ansiedad por el temor a perderla, sabiendo en el fondo que tarde o temprano ya no podremos contar con ella.


Y en relación con esto, muchas veces esta búsqueda emocional no termina con el final del Mundial o lo que fuere el caso, sino que continuamos deseando experimentar la emoción, adrenalina y demás sensaciones en la forma de otros eventos que de seguro no tardarán en presentarse: mundial de hockey, de golf, de ping-pong, de ajedrez... (¡Y con suerte intentaremos canalizar en esto!). Así, el alma quien se encuentra desesperadamente buscando experimentar emociones intensas podrá hacerlo, pero sólo cuando se vincule con experiencias de su misma naturaleza (en el plano del ser interno), y no con meros impactos en el plano mental o emocional-temporal, como muchas veces terminamos haciéndolo barata y descartablemente, todo lo cual muchas veces con el tiempo termina transformándose en exactamente lo opuesto a lo que era en un comienzo: felicidad/aflicción, seguridad/temor, amor/odio, etc.


En fin, pese a que estas palabras son escritas a modo de reflexión personal (pues yo mismo en mi infancia y pre-adolescencia fui durante un buen tiempo atrapado por este tipo de situaciones), desde ya quienquiera que se sienta identificado y considere que le puedan ayudar, feliz de poder hacerlo. Y muy en particular deseo compartir estas reflexiones con aquellas almas que de alguna forma u otra se encuentran emprendiendo un sendero espiritual genuino (y quizás piensen que no un Mundial no afectará su práctica y luego del evento podrá retomar la misma en forma intacta), pues considero que existen pocas cosas más contraproducentes para la práctica espiritual, que volverse seguidor de este gran emblema de la distracción, todo lo cual re-activa un falso sentido de la identidad que estamos intentando hacer a un lado para dar lugar a nuestro verdadero ser, detona antiguas mentalidades del pasado, procesos, emociones, impresiones y sentimientos que vuelven a aflorar en forma sentimental y externa, todo lo cual, a la hora de intentar retomar nuestras prácticas espirituales respectivas, harán que esto sea más difícil que antes, pues ceder ante estos impulsos manifiesta una identidad que aún no hemos terminado de trascender, todo lo cual atentará con nuestro proyecto de llegar a ser quien realmente soy.

Y si pese a todo, deseo (como practicante espiritual) continuar cediendo ante este tipo de invitaciones al menos debo tener la sinceridad de reconocer ello con madurez y responsabilidad, haciéndome así cargo de las posibles consecuencias de lo que estoy a punto de hacer, y no en lugar de ello intentar justificar tales actos de manera que los mismos sean a la fuerza amalgamados con mi práctica espiritual, intentando convencerme y convencer a otros que ello “no es algo tan malo en fin de cuentas”, o el viejo “hay cosas peores en la vida”, etc. Desde ya no puedo ni deseo prohibir a nadie nada a la fuerza, pero sí tratar entre todos de concientizarnos a la hora de representar un sendero en particular, por el bien nuestro y de aquellas personas que estén tomando eso como referente en su propia vida y práctica.

Algo que deseo aclarar como cierre, es que con todas estas palabras no quiero decir que uno no pueda, por ejemplo, jugar con sus amigos un partido de fútbol, pero cuidémonos de que los puntos aquí mencionados no se estén potenciando al hacer esto, pues sino ese inocente momento de entretenimiento y alegría se terminará transformando en una fuente de aflicción para más de uno. Así, el propósito de este artículo no es reprimir algo, criticar fanáticamente o ser frío e insensible con lo que a los demás les puede aún atraer, sino más bien ver cómo tratar de canalizar cada una de estas tendencias y necesidades de una forma realmente satisfactoria para nuestra situación actual gradualmente, entendiendo quiénes somos en verdad y qué cosas son las que realmente nos van a conectar con verdaderas emociones, sentimientos e identidades que llenen y rebalsen nuestro ser de correcta pasión, de correcto fervor, de correcta alegría

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Hoy deseo simplemente aclarar que mi intención al abrir y mantener hasta hoy abierta mi cuenta de Facebook/Twitter y demás medios de comunicación masiva, es el de intentar dentro de lo mejor de mis capacidades y sinceridad, compartir a modo de servicio algo del hermoso mensaje que recibo a diario de parte de mis tantas fuentes de inspiración diarias.


Sé que al tratar de hablar de la verdad o presentar ciertos puntos desde un enfoque en particular no todos estaremos de acuerdo de inmediato (ni después de mucho tiempo tal vez incluso), pero sinceramente no es mi interés que semejantes desacuerdos generen intercambios de índole agresivo, o en donde se argumenten puntos sólo por querer argumentar y/o estar en contra el uno del otro, o simplemente estar cerrados a nuestro propio punto de vista. Oro por mantenerme al margen de tales casos y en caso de que algo de esto se genere (como es casi inevitable en esta era de discordia y polémica constante), poder entre todos aprender a comunicarnos constructiva y maduramente, y si algo de índole personal se aparece en el camino como también es posible, poder en forma privada y personal solucionar tales asuntos, y no tanto hacer de ello algo de consumo público, que más que alimento nutritivo se terminará volviendo en fin de cuentas carroña intoxicante, para quien quiera alimentarse de ello.

Aunque pueda parecer, estas palabras no las dirijo por una situación en particular ni hacia nadie específico (o en realidad sí: a mi persona ante todo :)), pero en fin, diversas situaciones que a diario a todos nos llegan como pruebas me llevan a mencionar este punto. Somos seres en proceso educativo y por ende es muy posible que nadie de quienes leen este mensaje se encuentren aún 100% libres de este tipo de tendencias, entonces la idea no es tanto condenar al pecador, sino al pecado. Y así animarnos mutuamente a, incluso si por momentos incurrimos en actitudes no-deseadas, contar con la guía y la contención que nos lleven a un sincero deseo de mejorar, perdonar, ser perdonados, y expresarnos cada vez más en base al tercer verso del Siksastakam, el cual representa los principios regulativos de todo aquel aspirante a seguidor de Sriman Mahaprabhu:
"Uno debe cantar el Santo Nombre del Señor en un estado mental humilde, siendo más tolerante que un árbol y estando dispuesto a ofrecer pleno respeto a los demás sin esperar respeto para sí mismo. En semejante estado mental, uno puede cantar el Santo Nombre constantemente."

Por lo pronto, continúo con la idílica idea de que Facebook pueda convertirse algún día en un excelente medio para transmitir y compartir ideas elevadas de forma sobria, madura, alegre y profunda, pues considero que si Krishna permite que algo así todavía exista, es para "sacarle el jugo" en la dirección apropiada, pues sino aquello mismo que puede elevarnos y ayudar a elevar a otros se termina volviendo un arma de doble filo peligrosísima. Pero para lograr cada vez más esto, todos debemos cualificarnos a diario como correctos escritores, oradores, seres humanos, practicantes, etc.

Pues por favor no lleguemos al extremo de pensar que por el solo hecho de tener un teclado delante y una cuenta de Facebook abierta nos volvemos automáticamente una autoridad espiritual, o que ellos nos da el derecho de opinar lo que deseamos de forma desconsiderada, causando así ansiedad a otros. Desde ya también está la sinceridad del lector/oyente, pues alguien que no es sincero quizás se sentirá en ansiedad ante cualquier cosa que se oponga a su idea o que le obligue a cambiar, etc. Así, vemos que verdaderamente es todo un arte muuuuuuy delicado el sólo hecho de abrir mi cuenta de Facebook y, al cerrarla, haber realmente causado alivio y no ansiedad en el cyber-entorno. Por eso siempre digo en chiste (aunque cada vez menos en chiste) que antes de abrir su cuenta, uno debería orar un buen rato pidiendo no causar estragos allí, y al cerrarla deberíamos realizar otra sección de oración para purificarnos de cualquier estrago que pueda haber sido recibido.


En fin, ante todo desde ya pido nuevamente mis disculpas si a través de mis posteos, palabras y actos pongo a alguien en ansiedad y espero poder con el tiempo corregir y cambiar todo aquello dentro mío que aún no me permite vincularme de forma apropiada con cada uno de ustedes. Por el momento y con vuestro permiso y bendiciones, continuaré intentando compartir ideas y pensamientos que generen sanos intercambios en donde todos podamos aprender e inspirarnos, y desde ya que si en el camino surgen aparentes conflictos o diferencias, esto también es (siendo bien llevado) una gran chance para todos poder crecer y juntos seguir progresando en esta vida, así que espero podamos contagiarnos de este tipo de espíritu que nuestros propios guardianes nos recomiendan adoptar, para que el participar de este tipo de medios de comunicación se vuelva siempre una herramienta de avance y nunca de retroceso, para nadie por favor...

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Reflexiones sobre el Bonsái
(y qué tanto podemos asemejarnos a él)

¿Qué belleza real puede existir en un trasfondo de violencia, opresión, limitación e incomodidad? Ninguna.

El tan conocido bonsái, el cual hoy en día ya ni siquiera se limita a especies vegetales sino que incluso presenta alternativas tales como los "gatos bonsái", etc., es un claro ejemplo de este punto: pese a su aparente belleza y encanto estético, todo ello se desvanece en el mismo momento en que comenzamos a conocer acerca del proceso que lleva a semejante especie. Así, al investigar al respecto podemos comprender cómo los árboles/animales son limitados en su crecimiento natural, encajonados, encerrados, atrapados, oprimidos y tantos otros adjetivos que en ningún momento nos transmiten una idea muy positiva ni esperanzadora.

De la misma forma, el ser humano puede estar viviendo su vida tranquilamente en una "plataforma bonsái", al no permitirse ejercer su pleno potencial como ser conciente, y así auto-condicionarse a vivir una vida en donde sólo me considero un cuerpo, me limito a identificarme con mis sentidos relativos y sus objetos de percepción respectivos, o quizás de forma más audaz elijo situarme en el plano mental y/o intelectual, pero en última instancia todos estos estados de conciencia continuarán generando tarde o temprano algún tipo de incomodidad para el alma, quien busca expandir sus alas muy por encima del encajonamiento de la materia, burda o sutil. Y así como el bonsái, que presenta un estándar de belleza sostenido por un trasfondo limitado, quizás encontremos belleza en este mundo a nivel físico, mental o intelectual, pero la misma es de carácter bonsái, esto es, forjada a punta de limitar nuestras reales capacidades y necesidades más profundas, y por ende, algo no sostenible a largo plazo ni capaz de satisfacer nuestras más íntimas demandas. Asimismo, el "concepto bonsái" puede fácilmente presentarse en agrupaciones espirituales/devocionales, en la forma de llevar adelante una misión, organización, práctica y/o prédica presentando valores y conceptos en donde no se anima a sus miembros a un pleno, profundo y maduro desarrollo progresivo, sino que más bien se intenta mantener una fe fundamentalista, un tipo de entusiasmo fanático, obediencia a través del temor y la presión psicológica y toda una serie de actitudes que sólo reflejan y reflejan la actitud bonsái, en donde quizás por fuera hay grandes templos, mucho dinero, abundantes miembros participando en cantidad de proyectos, pero a la hora de observar el espíritu interno que anima la práctica, podemos ver que existe poco y nada de elección voluntaria, escasa participación del individuo con sus respectivas ideas y necesidades, y una total carencia de qué es lo que cada participante necesita para continuar ahondando en su respectivo proceso, en la etapa específica en la cual se encuentra, entregando más bien un mensaje cerrado, poco amplio, 0% flexible, en donde el dogma y/o el sentimentalismo se vuelven los motores que sostienen lo insostenible.

Oremos para no nacer como bonsái en nuestra próxima vida, y ello sólo será posible si en esta vida actual no nos comportamos como tales...

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Breve Psicología del Gol

Todo tiene su trasfondo en la vida, que yace más allá de la cubierta externa, última y aparente de los hechos. Algo quizás que podríamos llamar "subconsciente", y que se aloja en un plano tan sutil que en general no nos permite considerarlo de manera frontal y directa, pero que de todas formas nos está influenciando y afectando, igual o más que cualquier otro impacto que incorporamos a diario en nuestra vida...

En este línea de pensamiento y continuando con el contexto mundialista que predomina en el ambiente, es asombroso ver cómo en aquel momento en que gritamos “¡Gol!”, todo un “país” se alegra, todos tocamos bocinas y sonamos nuestras respectivas cornetas al unísono para señalar nuestro ideal en común, sintiendo así una comunión casi perfecta durante ese momento de aparente gloria inmaculada.

¿Pero cuánto nos dura esta alegría? En el mismo momento en que dejamos de gritar “Gol”, esta supuesta felicidad comienza a desvanecerse y comenzamos a entrar nuevamente en un estado de tensión y ansiedad, y qué hablar si el equipo contrario nos hace un gol, etc.: automáticamente nuestra gloria pasada queda sepultada en el olvido.

Otro punto a considerar, es el poder llegar a ver cómo el sistema actual de consumo que impera en nuestra sociedad, plantea de manera estratégica, a modo de “postre”, toda una serie de acontecimientos cada cierto tiempo, con el propósito de darnos un pequeña inyección de adrenalina y supuesta alegría en medio de tantas derrotas a las que nos intentan someter; en donde sintamos una renovación, frescas esperanzas de que “esta vez sí vamos a ganar y ser felices”, con el único propósito subliminal (y ni tan subliminal) de ellos poder seguir explotando a las masas a piaccere, y nosotros desde ya permitirnos eso...Nunca lo olvidemos: En el campo materialista, todo está perfectamente ideado para generar el engaño adecuado. La perfección de la distracción.

Y yendo un poco más a lo simbólico…. ¿qué representa este grito de “Gol”? ¿Cuál es la búsqueda, el anhelo invisible que yace detrás de esta expresión tan común hoy en día, tan buscada y compartida, pero tan poco profundizada y bien canalizada?
Como seres sensibles, naturalmente siempre deseamos la felicidad, la victoria por sobre lo negativo. Y esto lo llegamos a expresar y buscar en múltiples variantes, que recorren los más diversos espectros de la realidad. Así, no podemos evitar en lo más profundo de nuestro ser, correr detrás de algún tipo de victoria, de sentir que estamos “triunfando”. Pero debemos aprender a ir más profundo, debemos conocer cuál es la verdadera victoria, de qué manera podemos real y finalmente alcanzar el triunfo sobre todo aquello que nos hace sentir derrotados y fracasados en el día a día. Esta necesidad debe ser satisfecha de una manera substancial, no externa.

Atrevámonos a profundizar en nuestra vida. Seamos lo suficientemente valientes como para despojarnos de todo ornamento superfluo, y embarquemos nuestro ser en la aventura de conocernos a nosotros mismos, de vencernos a nosotros mismos, de acabar con todas aquellas ataduras, complejos e impurezas que aún nos mantienen corriendo en la dirección equivocada, buscando lo perfecto en lo imperfecto, abrazando lo casi real como la realidad absoluta, etc.

Para ello, debemos separar una considerable porción de nuestro tiempo y energía, en establecer buenas relaciones con aquellos seres que saben qué es lo mejor: incluso por encima de mi propio criterio personal de lo que es bueno y malo, estas grandes almas se acercarán con el único propósito de otorgarnos una clara y correcta perspectiva de las cosas, para solamente así poder poner fin al engaño, a la ilusión que aún no nos está permitiendo ser nosotros mismos en plenitud, y sentir la satisfacción de ello.
Recién allí y sólo allí podremos gritar verdaderamente: ¡Gol!

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Debido a que no creo estar revisando Internet por los próximos días, simplemente quería compartir algunas breves palabras en relación a la fecha que se aproxima.

Pese a que en nuestra tradición Gaudiya Vaisnava el Año Nuevo se celebra en el día de aparición de Sri Caitanya Mahaprabhu, naturalmente se comprenden las diversas influencias sociales y culturales que nos acompañan aquí en Occidente, y por encima de todo esto este tipo de festividades pueden ser transformadas en perfectas oportunidades para la reflexión, apreciación, agradecimiento, proyección y tantísimas otras cualidades más que necesarias para progresar en esta vida.De esta manera, intentemos aprovechar (en el buen sentido de la palabra) esta bella oportunidad que el Supremo nos regala para hacer un profundo y exhaustivo repaso de todo lo que ocurrió este año, y aprender a apreciar y ver cómo todo ello se acercó a nosotros con un propósito positivo, de redención. Incluso aquellas cosas/momentos/situaciones que consideramos como que "ojalá no se repitan este año" han venido para intentar ayudarnos y enseñarnos, siempre. Por lo que si este año vuelven a aparecer, sepamos darles una apropiada bienvenida y escuchemos con atención qué se nos intenta revelar en esos momentos que a veces llamamos "difíciles".

Y en relación a los errores del pasado, también es constructivo saber observar hasta cierto punto en esa dirección (no vivir allí!), pues muy a menudo el pasado se repite en el presente, si no hemos sabido apreciar y aprender del dolor, sufrimiento y errores cometidos.

Teniendo esta primera consideración como base, sólo allí intentemos proyectar sanamente nuestro próximo año, no como un año en donde esperamos que "todo/algo sea distinto al anterior" sino más bien en donde oramos por tener la actitud correcta para aceptar todo lo que quiera llegar a nosotros, confiando en que todo ello viene para purificarnos.

Desde ya no podemos evitar proyectarnos, organizarnos, vernos en determinadas situaciones que consideramos que necesitamos, pero por sobre todo esto, por favor dejemos espacio y tiempo para que la voluntad divina obre a su hermoso antojo y haga de nosotros cada vez más un títere en sus amorosas manos que intentan llevarnos hacia lo más alto: por encima de nuestros planes, demos lugar en nuestra agenda a los planes del Supremo, y aprendamos a estar felices y satisfechos si la voluntad de Él se manifiesta en nuestras vidas, muy por encima de nuestro pequeño libre albedrío que como mucho existe para cada día más aprender a rendirnos a esa dulce voluntad.

Agradezco a todos por su compañía, amistad y constantes enseñanzas. Disculpen por favor todos mis errores y ofensas, y espero cada día más poder estar más predispuesto a servirles en lo que cada uno pueda necesitar. Hare Krishna!

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Toda práctica (en especial la espiritual) se hace inestable, intolerable e insostenible si no hay novedades, variedad, o mejor dicho, realizaciones.

Y las realizaciones son el resultado, el premio final que surgen luego de uno haber atravesado correctamente determinadas situaciones que en el comienzo se presentan ante nuestros ojos como problemas/adversidades/etc.


En otras palabras, el mayor tipo de éxito en nuestra vida suele llegar en la forma de aparentes dificultades y "situaciones difíciles", pero si contamos con el conocimiento y sobre todo la guía apropiada, podremos apreciar todo esto como lo que realmente es: una puerta que se abre para nuestro progreso. 


Cualquier otra manera de interpretar y analizar la realidad nos llevará al mundo de la innecesaria lamentación, crítica, competencia y demás tendencias suicidas.
A apreciar tremendamente nuestro entorno y todo lo que de él proviene...


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Arrepentimiento
El arrepentimiento se vuelve una tendencia natural en mí sólo cuando realmente siento que he cometido un error. O mejor dicho, si siento que he cometido un error pero no siento arrepentimiento, no siento entonces que haya cometido error alguno. El verdadero reconocimiento de aquello que puedo y debo cambiar y mejorar se verá marcado por este sentimiento, el arrepentimiento, el cual no se vuelve un factor torturador o una herramienta de manipulación grupal o cargo de conciencia, sino simplemente es el síntoma inmediato de aquella alma que anhela la perfección pero aún se encuentra con la imperfección en su camino a ella, con aquella alma que anhela el amor pero aún detecta dentro de sí rasgos de egoísmo y diversos ingredientes que se oponen a la esencia de sus metas, y por ende todo esto hace surgir dentro de sí el sagrado fuego del arrepentimiento, el cual si es sinceramente aplicado, generará un pronto alivio y renovada inspiración para que dicho practicante pueda retomar sus deberes con un intenso entusiasmo, el cual supo nacer de semejante fuego del arrepentimiento sagrado.

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Nuevo intercambio ilustrativo/literario con Juan Manuel Tavella (en este caso, mi persona intentando compartir algunas palabras en base a la imagen creada por Juan):
Miremos hacia arriba. Que los colores de este mundo cumplan su función, que es inspirarnos a descubrir al artista que yace detrás de toda obra. Cada aspecto de este plano es una pincelada inmóvil que sólo intenta indicarnos su origen sobrenatural. Nuestros sentidos y sus múltiples y ramificadas funciones se mueven a toda velocidad a través de un sinfín de percepciones mutantes, que no cesan de transformarse frente a nuestros ojos, marcando con ello la pauta para que se establezca una concepción superior en todo.

Por encima de la fugaz mirada que todo parece encerrar aquí, se abre una puerta en el arriba, comienzan a vislumbrarse nuevos códigos que apelan a nuestro lado más sensible, que buscan realizar su aporte desde lo más hondo, hacia lo más hondo. Atrevámonos a ir más allá de esta creación, seamos valientes cosmonautas que sólo aspiran a conocer la realidad final de cada aspecto de la existencia, sin conformarse con el mediocre entendimiento parcial de un objeto, de una persona, de uno mismo.

Tantos colores aquí debajo sólo terminan por distraer nuestra perspectiva original. Tantas variantes y posibilidades saben presentarse una tras otra sin un descanso, pero nuestro reino está esperando en otra parte. El mundo al cual debemos abrazar hoy y para siempre justamente aguarda por encima del telón terráqueo, más allá de las todo-atrayentes capas del deseo egoísta.

Sólo allí seremos firmemente nosotros. Sólo allí entenderemos "por qué todo". Allí nos aguarda y mantiene Él, ya saben a quién me refiero. No puede ser otra persona que Él, quien en este mundo nos observa y acompaña a través de diversas luces, intenta iluminarnos con cada situación que nos es arrojada en el camino para que finalmente comprendamos cómo transitar el camino. Él sigue allí, esperándonos por siempre y sin por  esto reducir el contenido amoroso de Su noble llamado. En lugar de esto, la intensidad de Su anhelo por contactar el nuestro no sabe más que incrementarse con cada uno de Sus profundísimos respiros.


No hay más que aprender a mirar hacia allí, dentro de nosotros. No resta otra alternativa más que esta, la experiencia última del ser antes de vivir la trascendencia en su propia sangre: alcancemos semejante estado de conciencia, comprendamos que llegar a este logro es lo máximo dentro de lo máximo, aquello que merece nuestros mayores y mejores sacrificios, aquello que requiere de nuestro más alto grado de atención y consagración, aquello que sabrá reciprocar como nunca antes nada ni nadie lo han podido hacer.

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De acuerdo a la necesidad que sintamos de obtener algo, buscaremos una determinada compañía que de alguna u otra forma nos facilite el obtener aquel objetivo deseado. De esta manera se genera lo que llamamos "asociación", o aquel grupo de personas con las que elegimos compartir nuestro tiempo y vida.

Por ello, debemos intentar comprender que aquello que se conoce como sadhu-sanga, significa que yo intento entablar relación, vínculo profundo con personas santas, en este caso porque yo mismo anhelo volverme santo, yo mismo siento la necesidad de acercarme a la pureza y la devoción que existen en esos corazones en particular.

Sólo entendiendo esta relación entre la necesidad personal interna y cómo la misma nos "arrastra" a un cierto tipo de entorno, podremos entablar y apreciar correctamente todo lo que representa, en este caso, el intentar experimentar el sadhu-sanga en toda su dimensión.

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En muchas ocasiones oramos pidiendo misericordia, y entendemos como "misericordia" aquella gracia que llega a nuestra vida para darnos la fuerza y la capacidad de hacer a un lado cierta circunstancia que es aparentemente adversa para nuestro progreso...

Ahora bien, también existe la posibilidad/riesgo de que eso que vemos como algo "quitable" sea también la misericordia del Señor, y que ahora nos encontremos orando por una misericordia que nos permita quitar la misericordia anteriormente recibida, lo cual dará como resultado que nos quedaremos sin misericordia.

Por ende es muy importante entender que la misericordia toma diversas formas y llega a nuestra vida de muchas maneras, y que en última instancia debemos incluso a aprender a ver cómo todo lo que nos ocurre es una muestra de misericordia de arriba.

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Generalmente, cuando hablamos de la tolerancia, nos expresamos en términos de que "tengo que tolerar algo, me cuesta tolerar algo" (a una persona, a una circunstancia, etc.), y de esta manera se encara la situación pensando que uno tiene que tolerar a lo otro.

Pero a su vez vemos que quizás otra persona diferente a nosotros, frente a la misma situación en la que yo siento que "tengo que tolerar", no sienta eso mismo, no sienta que está tolerando o teniendo que tolerar algo o a alguien, sino quizás justamente lo contrario: se siente en paz, feliz, aprecia y agradece, etc.

Entonces de esa forma podemos llegar a la conclusión de que en verdad, si sentimos que tenemos que tolerar algo/alguien, en verdad lo que tenemos que tolerar es el tipo de mentalidad específica que nos hemos permitido desarrollar dentro de nosotros, y que no nos permite ser lo suficientemente trascendentales aún, y por ende nos cuesta ver cosas apreciables, y más bien las vemos en términos de "tener que tolerar". Pero en definitiva, lo único que hay por tolerar (y superar) son aquellas estructuras que nosotros mismos hemos creado. En otras palabras, no hay nada ni nadie fuera de nosotros que haya que tolerar, y por ende debemos aprender a dirigir nuestra comprensión apropiada de la tolerancia hacia nosotros mismos, y de esa manera trabajar sobre todos aquellos aspectos que aún nos mantienen teniendo que tolerar algo que nos parece difícil/negativo y poder madurar gradualmente para encontrar enseñanzas y dulzura detrás de todo lo que se acerca a nosotros.

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Quinto intercambio con Juan Manuel Tavella:
Revelación
Sin revelación no podemos ir a ninguna parte. O en otras palabras: sólo deseamos ir a aquel lugar adonde la revelación desee llevarnos. No estamos interesados en alcanzar ningún destino que no incluya a la revelación divina como su fuente de guía en todo momento. Todo conocimiento que no surge de algún tipo de revelación, debe ser considerado algo a medio terminar, una verdad a medias, más peligrosa incluso que una mentira declarada. Por ende, es fundamental que nos pongamos en contacto con diversas fuentes de conocimiento revelado, y que comprendamos el proceso que nos lleva a obtener la experiencia conocida como revelación.

Pues sí, la revelación es una experiencia, una invasión que se hace presente cuando quizás menos lo esperemos, cuando realmente sepamos abandonarnos a nosotros mismos y no intentar depender de ningún tipo de medios mecánicos para producir avance en nuestra práctica.

La revelación es la manera en que Dios nos muestra que está complacido con nuestra actitud, mostrando de forma innegable ciertos aspectos que para nosotros serían imposibles de comprender por nuestros propios medios. La revelación nos muestra todo aquello que escapa a nuestras capacidades individuales, y una de las principales cosas que debemos reconocer con plena humildad, es que la mayor parte de las cosas escapan a nuestras capacidades individuales, y que por ende la revelación se vuelve un factor totalmente necesario en nuestro intento por comprender hasta el más ínfimo rincón de esta creación, qué hablar de aspectos más finos y sutiles de la realidad.


El orgullo nos hace falsamente creer que no dependemos de la revelación, que podemos vivir sin ella, subsistiendo de aquello que logremos obtener y conocer por nuestros propios y escasos medios. Nunca un engaño tan grande ha sabido manifestarse dentro de la mente humana. Y semejante convicción ha sabido llevar a la entidad viviente a los más desastrosos resultados, producto de nuestra falta de recursos a la hora de vincularnos con todo lo que nos rodea. Manteniendo una rebelde postura ante lo absoluto, seguimos sin querer dar el brazo a torcer, mientras que nuestro ser todo se retuerce al borde de la asfixia y la lenta muerte que nosotros mismos elegimos generarle por nuestra falta de sumisión, todo ello producto de no aceptar la revelación por encima de nuestras cabezas, de implorar por una urgente intervención de lo divino para así establecer un ente apropiado que interceda en nuestro intento de vínculo con todo, incluyéndonos a nosotros mismos: sin revelación, nosotros mismos seguiremos siendo un total misterio para nosotros mismos.

Y la revelación sólo será percibida en suelo fértil, lo cual vuelve a dirigir nuestra atención y mirada, una y otra y otra vez, en la dirección de la sagrada humildad, quien nos permite apreciar, quien nos ayuda a ver, quien nos muestra en qué dirección confiar sin ser ultrajados, quien nos lleva de la mano por buen camino hasta dejarnos a los pies de la revelación, de aquella enseñanza auto-efulgente que sabe hacerse presente y dejarnos todo perfectamente claro.

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Cuarto intercambio con Juan Manuel Tavella
Meditación
En donde a partir de una ilustración por él realizada, intento compartir aquí debajo algunas palabras:
Meditación implica saber qué auriculares estaremos usando en nuestra vida: qué sonidos, imágenes, ideas y sentimientos serán los que rijan nuestras acciones, nuestros movimientos en este plano.

Para realmente lograr meditar en algo melodioso, para estar internamente habitando un plano que sea musical a cada paso, la sintonía, la conexión, debe estar dirigida hacia arriba, o hacia adentro, como gustemos mencionarlo.

Conectémonos con todo aquello que sea real, natural, sin intervención ninguna del mundo egoísta que todo lo deforma, que todo lo adapta a motivaciones incompletas, que todo lo aniquila.

Dejémonos llevar por el pentagrama supremo, quien se acercará a nosotros intentando compartirnos las notas y escalas apropiadas, para de nuestra parte dar con la perfecta armonía, con aquella melodía, aquella canción que nos permitirá salir del enredo, huir de la prisión, cantando...Ésa es la única manera de "escapar": enfrentando con plena conciencia nuestra realidad actual, pero teniendo las herramientas apropiadas para ello, esas armas todopoderosas que podrán hacerle frente a cualquier enemigo interno, cualquier obstáculo que desee presentarse.

Que el sonido revelado, el sonido divino que es presentado ante nosotros por las grandes almas nos invada por completo, nos posea hasta tal punto en que esa dulce melodía nos transporte hacia la meta de nuestras, el amor divino, al cual sólo podremos llegar cantando y bailando....

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La tendencia a idealizar: idealizar a personas, situaciones, resultados de determinadas acciones, idealizarse uno mismo o incluso al Señor Supremo, es una de las más marcadas características del alma condicionada en este mundo.

Es muy importante marcar la diferencia entre por un lado proyectarse en la vida, dirigir nuestros esfuerzos y deseos en una determinada dirección, etc. y por otro lado lograr que todo ello verdaderamente ocurra y dependa de nuestra voluntad: aquel que idealiza no logra ver ni respetar esta ley sagrada, y por ende no puede evitar desarrollar constantemente ideas, conceptos y prejuicios para con el medio ambiente, en base a lo que supuestamente es mejor para uno y lo que supuestamente uno desea.

Muchas veces nos resulta inevitable el idealizar (el imponer de alguna forma lo que consideramos mejor) a nuestro entorno, y desde ya que semejante postura no resulta muy atractiva para nuestros semejantes, al menos no durante mucho tiempo. Y el resultado de ello será siempre la frustración, el vacío, la soledad, y demás momentos que tranquilamente podríamos evitar en nuestra vida cotidiana, entendiendo este punto que tan necesariamente debe ser erradicado...

Así, podríamos decir que la palabra "idealizar", se vuelve una manera elegante y disimulada de hablar acerca de nuestro erróneo intento por ser el centro de todo lo que nos rodea. Cuando idealizamos, de alguna forma estamos expresando nuestro deseo de controlar lo que nos rodea: deseamos que las cosas o personas sean de determinada manera, como a nosotros nos resultaría más cómodo, satisfactorio o bello. Pero olvidamos que por encima de nuestro criterio, existe una voluntad suprema quien tiene la última palabra ante todo y ante todos, y desde ya esa última palabra siempre es y será perfecta, certera y representa nuestros intereses muy por encima de cualquier idealización que pueda surgir de nuestra persona.

Así, podríamos decir que la única persona que tiene pleno derecho a ejercer esta función (idealizar) en forma absoluta es el Supremo junto a Su dulcísima voluntad, y que lo mejor que nosotros podemos hacer a este respecto es "dejarnos idealizar" por Él, intentar volvernos parte de aquel plan, de aquella idealización que el "Idealista Supremo" está concibiendo para nosotros, y al cual se nos está intentando invitar desde tiempo inmemorial.

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Prédica y práctica
En la vida todo puede ser visto y ejecutado desde dos ángulos: externo o interno. Este mismo principio se aplica desde ya a la vida espiritual. En nuestra tradición, esto recibe el nombre de saragrahi y baravahi.

Un saragrahi es alguien que siempre toma la esencia de todo y no queda atrapado en ninguna formalidad, pese a que puede utilizar todas las formas de este mundo teniendo claramente presente cómo darles un uso apropiado al servicio de la esencia. Un baravahi es, sin embargo, alguien quien tiende a ver todo a nivel externo, a juzgar por las apariencias, por las formas, por la cantidad y no por la calidad, etc.

Como podrán imaginarse, dentro de cada una de estas dos categorías existen a su vez innumerables niveles en donde cada uno de nosotros iremos encajando de acuerdo a la etapa en donde nos encontremos.

En este contexto, la intención es compartir unas palabras a modo de reflexión en relación al concepto de la prédica y la práctica, siendo ambos temas de los más mencionados así como de los más malinterpretados por muchos de aquellos que se encuentran en un sendero espiritual.

Ante todo, la visión que nos comparte guru, sastra y sadhu es que tanto prédica como práctica son dos aspectos fundamentales de un mismo principio, que es la resaltante compasión del Vaisnava, o alma santa. Y es en este punto donde a menudo se genera una confusión y se considera que la compasión sólo puede ser exhibida a través de la prédica, pero no tanto a través de la práctica, como si uno estuviera desconectado del otro, como si uno atentara contra el otro. Nada más lejos de la realidad que esto...

Se dice "estricto con nosotros, misericordioso con los demás". En otras palabras, primero debo aprender a ser estricto conmigo mismo (esto es, aplicarme a la práctica en forma disciplinada, seria y constante) y en la medida en que yo esté haciendo eso, podré ser misericordioso con otros.

En otras palabras, a través de una correcta práctica, de una correcta oración, sadhana, estudio, autoanálisis, rendición, entrega y demás elementos fundamentales, podré tener diversas realizaciones y revelaciones que se convertirán en el material con el cual yo pueda "llenar mi bolso" y salir a predicar. En el día a día, un predicador busca ante todo no tanto distribuir un libro, sino distribuir aquello que él/ella siente por ese libro, esto es, compartir un sentimiento, algo vivo que toque el corazón de la otra persona. Y en la medida que ello exista, podríamos decir que nuestra prédica ha sido exitosa.

Una prédica profunda e integral está ante todo basada en una vida de oración. Pues todo predicador genuino sabe que no puede transformar a nadie si la gracia del Señor no se manifiesta. Entonces, tal persona se mantendrá orando en todo momento para que esa misericordia descienda y permita la verdadera prédica, siendo uno sólo un pequeño instrumento en todo ello. En la medida en que exista un cultivo interno en nosotros, una intensa y profunda oración diaria, en esa medida nuestra prédica será de calidad. Como diría Srila Bhaktisiddhanta Saraswati Thakura: "El mejor gosthyanandi es el bhajananandi que predica". Así, una verdadera prédica implica no sólo una distribución externa, sino toda una predisposición interna que llevará al predicador a desarrollar un comportamiento tal, que con tal sólo verlo los corazones de las personas se verán conmovidos.

Srila Sanatana Goswami ha glorificado a Srila Haridasa Thakura en este contexto, resaltando cómo él predicaba y practicaba, mientras que otros predicaban pero no practicaban, o practicaban pero no predicaban. Así, ambos elementos deben aprender a convivir pacíficamente en nuestra vida espiritual cotidiana, y que uno no extinga al otro, pues si uno disminuye, así lo hará el otro.

Por otro lado debemos entender que así como en un sentido general el mensaje en la prédica es el mismo, y las prácticas de un devoto son las mismas, en un sentido más profundo esto no es tan así, y tanto la prédica como la práctica van tomando diversas formas y dimensiones de acuerdo a la necesidad de la situación y el grado de avance de la persona.

En el caso de la prédica, se debe ante todo aclarar que existen diversos tipos de prédica, no sólo entregar un libro o volante, sino saber tener el templo bello y recibir a las almas que llegan apropiadamente, así como también saber mantener a los devotos ya establecidos con nuevas herramientas para que continúen creciendo en su desarrollo interno de la devoción y finalmente obtengan el amor divino, etc. Todos estos son aspectos de la prédica, y uno debe saber complementarse con el otro en armonía.

La prédica de un Vaisnava en el sentido estricto de la palabra, incluye la entrega e instrucción acerca del Santo Nombre en la dosis apropiada de acuerdo a la cualificación de cada persona, la ocupación en seva también de acuerdo a la posición de cada cual, y el sustento sástrico que pueda sostener y justificar cada una de las cosas que hacemos en nuestra práctica espiritual. Si alguno de estos elementos no se encuentra presente en su medida apropiada, la verdadera prédica no terminará de cumplir su propósito, pudiendo estar simplemente ocupados en una labor externa de alivio temporal, o considerando sentimentalmente la filosofía sin una siddhanta no relativizada que sostenga cada uno de nuestros esfuerzos.

De esta manera, vemos cómo la prédica puede adquirir las más variadas facetas y aspectos de acuerdo a una etapa en particular.

De la misma forma, nuestra práctica de la vida espiritual debe tener la tendencia de volverse cada vez más interna, más esencialista, más cercana a los sentimientos que caracterizan un logro tangible dentro de este sendero. Más allá de que la forma externa de la práctica pueda seguir siendo la misma durante toda nuestra vida, la forma interna de esa misma práctica deberá ir cobrando nuevos y nuevos significados a lo largo del tiempo, para poder de esta forma comprobar que existe el progreso en la senda de la devoción. Sin este continuo desarrollo interno, fácilmente puede el alma quedar estancada en una forma externa de la práctica, aparentemente haciendo las cosas a la perfección, pero careciendo de la apropiada motivación interna. Todo esto son algunos de los peligros que nos acechan sobre todo al comienzo de nuestro intento de práctica, y debemos ser muy cuidadosos de mantenernos bajo la guía que nos ayude a detectar cada uno de estos elementos y saber cómo lidiar con ellos para que el avance hacia nuestra meta no se detenga jamás.


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Tercer intercambio de palabras e imágenes con Juan Manuel Tavella

El tiempo que los santos nos brindan en la forma de su atención, de sus palabras, de los momentos mentales en los que invierten su energía pensando en cómo ayudar/nos: ese tiempo, esa energía debe ser valorada como aquello más preciado de lo que sabe llegar a nosotros.

Considero que el sincero aspirante a la espiritualidad debe aprender a graduarse algún día como un perfecto apreciador de esta única manifestación de la gracia divina, la cual como mencionamos se hace presente frente a nosotros en la forma del santo, y en particular de su misericordiosa predisposición hacia nuestro necesitado caso, lo cual no hace más que exaltar su divina posición.

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Si algo tiene gracia en nuestra vida, eso sólo puede llegar a ocurrir en verdad debido a la gracia.

Ser un desgraciado no es precisamente el mejor de los elogios, no suena bien, a nadie le gustaría recibir semejante rótulo. Pero en resumen, esta palabra implica llevar una vida sin gracia, una vida en donde no nos encontramos buscando fervientemente ese elemento fundamental llamado gracia divina.

En la medida que busquemos y encontremos semejante ingrediente, toda nuestra vida pasará a manos de nuevas leyes, códigos y agentes. Nos veremos transformados de pies a cabeza, y en verdad comenzará otra vida, motivada e inspirada por la gracia, el verdadero motor de todo logro real.

De una forma u otra, es nuestro deber y necesidad primordial el saber encontrarnos con la gracia lo antes posible. Esa es nuestra única búsqueda, no hay otra, aunque parezca que sí las hay, en el trasfondo de todo cualquier cosa que busquemos y lo que ellos supuestamente ofrece, en verdad sólo puede ser obtenido y experimentado a la perfección en contacto con la gracia, la culminación de toda búsqueda genuina.
Gracia para todos, en plural. Gracias.

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Antes de entrar a tu cuenta de Facebook, canta una ronda (emite alguna oración):Entrar a Facebook es, para muchos, algo así como ingresar a un bar de mala muerte: un lugar donde encontraremos todo tipo de propuestas degradantes, mentiras, violencia, sensualidad, intoxicación, locura, ilusión, egoísmo, mentiras, odio y demás cualidades que difícilmente seamos capaces de trascender si nos encontramos en medio de ellas.

Si alguien decide entrar a semejante sitio con una intención de ayudar a las personas que allí se encuentran, debe de todas formas prepararse previamente, ya sea orando, mentalizándose en su propósito allí dentro, etc., para no verse afectado y contaminado por la atmósfera degradante que allí se encuentre.

De la misma forma, el entrar al mundo de Facebook implica en una buena mayoría de los casos, entrar en contacto con toda una serie de palabras agresivas y superficiales, imágenes que incitan la lujuria y la identificación con la materia, sonidos que desvían nuestra atención del propósito de la vida y toda una serie de invitaciones a perder nuestro valioso tiempo y forma humana de vida. Por ello, si deseamos adentrarnos a semejante mundo con la intención de generar algún tipo de alivio desde allí, por más buenas intenciones que tengamos (lo cual no siempre es suficiente) preparemos nuestra conciencia para que nuestro propósito pueda realmente verse cumplido, y no terminar así cayendo víctimas de aquello de lo cual deseamos salvar a los demás.

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En el día de la fecha compartimos el resultado de otro de los intercambios que he podido experimentar con Juan Manuel Tavella en este caso a la inversa de la primera sesión: en esta ocasión, Juan ha enviado una ilustración y yo me he tomado el atrevimiento de compartir algunas palabras al respecto, a continuación...

Contacto ojo a ojo. Un (quizás primer) vistazo que parece decirlo todo. Un (quizás primer) encuentro que nos zambulle en un mar de las más diversas sensaciones, todo lo cual llamamos a menudo “relación”, “intercambio”, “conocer a alguien”, “acercarnos”, etc.
Pero la pregunta crucial se mantiene frente a nosotros esperando una respuesta verdadera: ¿En verdad estamos teniendo una digna y genuina experiencia en semejantes momentos? ¿Es algo permanente y real, que nos logrará acompañar de aquí en adelante por siempre en nuestras vidas? ¿O simplemente estamos hablando de momentos plenos de fugacidad y que tan sólo tocan una capa sensorial en cubierta de nuestro verdadero ser?
Todas estas preguntas deben ser formuladas por aquel que desee proyectar su vida en base a vínculos perdurables, que se aprendan a mantener en continuo desarrollo interno, y no que simplemente se vean limitados a existir en una mera y efímera plataforma de intercambio físico/mental/intelectual.

Podemos mirarnos, hablarnos, escucharnos, sentirnos mutuamente, y creer que todo eso representa el conocernos...pero si no poseemos clara información sobre (ante todo) quiénes somos ambos en verdad, quien mire, escuche, sienta, etc. tan sólo será un tenue reflejo distorsionado de lo que en realidad somos, y por ende cualquier intercambio que se dé sobre semejantes estándares terminará con suerte en un frustrante vacío existencial, el cual tendrá la tendencia de llevarnos a volver a intentarlo, esta vez ojalá mejor asesorados...


Lección fundamental e imposible de saltearnos a la hora de buscar la felicidad plena: entendernos y sabernos almas, intentar ver y sentir desde esa óptica privilegiada, tomar esa posición de vanguardia desde donde todas las cosas, personas, relaciones y yo mismo podamos ser apropiadamente asimilados y comprendidos. Sin un contexto adecuado sobre el cual encarar todo lo que nos rodea, estaremos perdiendo anticipadamente una batalla sin ni siquiera haberla comenzado, todo ello por no tener en cuenta ciertas premisas 100% básicas y elementales, sin las cuales será imposible todo intento por algo.

Estas simples recomendaciones, aplíqueselas a cualesquier tipo de vínculo que cada uno de nosotros pueda estar intentando solventar en este momento presente, en resumen: dejar por completo a un lado la relativa opinión de nuestros distraídos y enclenques sentidos, y comenzar una nueva etapa, en donde nuestra mayor confianza será depositada no tanto en lo que podamos percibir a nivel materia (burda & sutil) sino más bien en aquella información que elige revelarse desde un plano quizás aún bastante misterioso y desconocido, pero no por ello un sitio al que necesariamente debemos acercarnos más y más, gradualmente perdiendo todo temor que quiera darse en esa dirección, hasta por fin finalmente darnos cuenta con plena convicción que semejante sendero no hacia otra cosa que intentar llevarnos al hogar, ese refugio eterno en donde únicamente todos pueden esperarnos y acompañarnos en plenos ideales en común.
Que ese sea nuestro avance, nuestra búsqueda, nuestra vida toda.

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La poesía tiene un propósito original para lo cual fue concebida, y este es el de volverse el recurso lingüístico por excelencia que nos pueda brindar una leve aproximación de lo existente al otro lado de este mundo, y así brindarnos una idea real del mágico plano que nos aguarda más allá del lenguaje mismo.

Su uso desvirtuado sin embargo, es el que abunda hoy en día, y en donde se intenta justificar lo injustificable, mediante un lenguaje pretencioso que no solo busca solventar la perversión y el egoísmo (intentando mostrar todo esto como algo refinado e incluso necesario), sino que de paso se intenta tomar la atención del público de forma excesiva hacia uno mismo, todo lo cual nos aleja más y más del mundo de la verdadera poesía, de aquel reino pleno en humildad y servicio, donde cada momento es arte, y la poesía pura se vuelve inevitablemente el lenguaje aceptado por todos para darnos un vestigio de semejante manera de vivir la vida.

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A continuación deseo compartir un bello e interesante intercambio que ha surgido recientemente entre un querido amigo y mi persona: el "contrato" firmado consistió en, de mi parte compartirle a él algún texto de "mi" autoría, y él en base al mismo desarrollar un ilustración que lo acompañe, y asimismo (para próximas ocasiones) él compartirme alguna imagen y yo presentar algunas palabras al respecto... 

Ese amigo que me acompaña en este emprendimiento expresivo es Juan Manuel Tavella, y aquí debajo les comparto el primer resultado de este prometedor experimento, en relación a la temática del Compromiso:

No existe el compromiso para con uno mismo.
No existe el compromiso que no incluya a un segundo.
Si sólo intento comprometerme conmigo mismo, esa actitud justamente demuestra mi falta de deseo por un real compromiso, el cual implique una relación con otras personas con quienes me estoy comprometiendo.

De hecho, la base misma del amor es un total sentimiento de compromiso para con el amado. Amor sin compromiso se transforma en una cáscara parcial de lo que realmente debería haber allí.

Cuando no hay compromiso, no hay amor, y en ese momento, podríamos decir que no estoy mostrando una preocupación por considerar a otra persona aparte de mí mismo, lo cual se traduce en pocas palabras como egoísmo concentrado, en donde el único objeto de meditación se vuelve mi propio ser con sus supuestas necesidades que no pueden incluir a otros, siendo esta conclusión una falacia de principio a fin: mis verdaderas y únicas necesidades incluyen obligatoriamente a los demás, a todos los demás. 

Si no llego a identificar mis necesidades en un plano universal, si no llego a visualizar cómo aquello que estoy necesitando es exactamente aquello que cualquier otro ser se encuentra también anhelando y buscando, hasta que no logre comprender esta unidad inherente a cada átomo incluso, no podré emprender exitosamente mi búsqueda del amor verdadero, y sólo me estaré embarcando en una expedición relativa, con un concepto del amor que se ve por completo mutilado por mi falta de visión, por mi negación a incluir ideales más amplios a la hora de considerar e intentar entender qué es el amor en sus más generosas manifestaciones, las cuales lo incluyen todo, e incluyen a todos, sin excepción posible.


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¿Qué Música Escucho Hoy (y Siempre)?
Ante semejante pregunta existencial que de seguro nos hacemos cada día que pasa de nuestras vidas, es fundamental saber qué respuesta invocar para salir ilesos del viaje sonoro al cual deseemos adentrarnos...

La respuesta en un sentido es de las más simples que existen:
Trata de sólo escuchar música que te mantenga vivo, en el presente.Y por lo tanto, evita todos aquellos sonidos que simplemente te transportan a un pasado de sensaciones aparentes, en donde intentarás revivir aquello que no podrá ser revivido tan plenamente como lo desearías, y que por ende te envíe a intentar entonces vivir en un futuro precipitado el cual aún no ha llegado y nunca llegará, a menos que logres situarte en el presente y desde allí y sólo desde allí, puedas analizar, comprender y proyectar tu existencia de manera apropiada.

La música espiritual (esto es, aquellos sonidos generados por personas espirituales con intenciones espirituales), la música viva y sensible ante todo, no se ve afectada por la influencia del tiempo material (pasado, presente y futuro) y por ende, al escucharla no nos veremos transportados artificialmente a ninguna parte que no sea el ahora. Y al vernos inevitablemente situados una y otra vez con nuestro presente delante de nuestros ojos, felizmente no nos quedará más alternativa que enfrentarlo, aceptarlo con nuestra mejor sonrisa, y emprender la aventura que el día de la fecha quiera proponernos.

El propósito del verdadero sonido es justamente ese: que sea nuestro mejor compañero de viaje para la aventura llamada vida, pero para que el sonido sea en verdad un amigo y no un obstáculo en el sendero de nuestro progreso, el mismo debe provenir de una fuente profunda, pura, viva, que no deje de transportarnos a un estado de conciencia en donde busquemos aceptar la realidad de las cosas en la manera correcta, en donde no seamos evasores de la responsabilidad y el compromiso que nos toca, sino que más bien sepamos cómo lidiar con todo lo que se nos presenta en el camino de una manera amigable y siempre agradeciendo todo aquello que viene a nosotros.

Si el sonido, si la música que elijo escuchar hoy (y siempre) no genera en mi tales sentimientos, si no cumple semejantes expectativas y necesidades, y en lugar de esto sólo me distrae de mi única y más interna necesidad, en lugar de ayudarme a enfocarme y dirigir con mayor puntería mi energía en la dirección apropiada, entonces con el mayor de mis respetos tal sonido será mejor hacerlo a un lado para siempre, y así lograr dar lugar y espacio a otro tipo de frecuencias, a vibraciones que sí quieran, sepan y puedan ayudarnos a crecer y ser mejores entidades, hoy (y siempre).


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No quiero jamás desacostumbrarme de pedir disculpas si con alguna de mis palabras que a diario intento ante todo auto-dirigirme y luego de esto compartir con otros, he puesto a alguien en ansiedad, o algo cercano a esto.

Mi única intención es sinceramente poder utilizar este medio de comunicación llamado Facebook para tratar de transmitir ciertas ideas y conceptos que me/nos lleven a considerar más profundamente ciertas cosas que a menudo podemos acostumbrarnos a pensarlas sólo hasta cierto nivel. E intento hacer todo esto siguiendo los pasos de las Escrituras reveladas y las almas santas, para de mi parte no entrometerme con toda mi imperfección presente, que sin duda alguna desborda...Sé que todo esto no deja de ser un intento imperfecto y fallido, pero con su permiso no puedo dejar de seguir intentándolo, pues ya no siento que otra cosa, que otro mensaje tenga sentido en esta vida para mi persona, por lo que agradezco todo su apoyo e inspiración de siempre, y nuevamente no deseo cansarme de pedir disculpas todas las veces que sea necesario hacerlo, si de forma indebida he lastimado a alguien innecesariamente.

Confío en la misericordiosa predisposición de los lectores todos, y que la misma me permita tener una nueva oportunidad hasta algún día aprender más perfectamente el interminable arte de expresar la verdad (con todos los riesgos que esto implica) y en simultáneo lograr generar un ferviente entusiasmo por incrementar nuestra condición de servicio...


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Muchas veces utilizamos expresiones tales como "seguí a tu corazón", "escuchá tu interior", "hacé lo que sientas", o dentro del lenguaje de nuestra tradición en particular, "escuchá a Paramatma", etc., y todo esto suena muy bello y poético y no digo que esté mal hacer esto, pero la pregunta es:
¿Estamos ya realmente cualificados para escuchar nuestro corazón, sin confundir esa voz con alguna otra cosa que pueda estar sonando dentro de nosotros?

¿Nos encontramos ya totalmente purificados para entablar comunicación directa con Paramatma (aspecto de Dios localizado en el corazón) sin quedar en verdad prestando atención a alguna propuesta que viene de alguna otra parte dentro de nosotros?

¿Son nuestros "sentimientos" algo proveniente de un corazón purificado, o simplemente son un "sentí-miento", en donde sí quizás estoy sintiendo algo, pero eso no proviene de una fuente de confianza?

En muchas ocasiones la mente descontrolada y el ego falso están hablando dentro de nosotros, transmitiendo sus múltiples propuestas egoístas y distorsionadas, y si no recibimos el apropiado entrenamiento, la correcta educación para distinguir qué es qué, para conocer en detalle cuál es la naturaleza de cada una de las voces internas que actualmente suenan dentro de nosotros y sus respectivas propuestas, existirán muchas probabilidades que lo confundamos todo, cayendo en el sentimentalismo y tomando así una cosa por otra...

La mente y el ego falso pueden fácilmente "vestirse de corazón", y Maya (la energía ilusoria) puede presentarse ante nosotros disfrazada de Krishna/Paramatma, y así, aparentemente todo lo que suene dentro de nosotros puede parecer que es genuino, puro, espontáneo, natural y hermoso, pero quizás todo esto sea una apariencia que debe saber ser desenmascarada, y todo esto sólo podrá ocurrir conociendo en detalle lo que nos informan los textos sagrados, y las palabras de los santos, pues ese mensaje sí proviene de un plano perfecto y puro.Así como antes de tocar bellamente el piano uno primero debe APRENDER a tocar el piano, así como antes de intentar amar uno debe tomarse el tiempo que sea necesario para APRENDER semejante arte, asimismo si deseamos escuchar nuestro corazón (el arte de las artes), desarrollar sentimientos genuinos que emanen de nuestro ser y nos guíen en nuestra vida, primero debemos APRENDER todo ello bajo la guía apropiada y tomarnos todo el tiempo que sea necesario si sinceramente deseamos llegar a semejante meta en forma real y genuina, y no cometer el error de pensar precipitadamente que ya hemos llegado a semejante plataforma, o expresarnos como si ya lo hubiéramos logrado. Si no tenemos tal humildad y nos dejamos llevar por un falso orgullo que nos hace creer situados ya en la etapa más elevada, no podremos escuchar con atención profunda los consejos de los sabios, y quizás tendremos que aprender de la otra manera restante: si no aprendemos escuchando, aprendemos sufriendo.

Mientras uno se mantenga en un plano condicionado, en esa misma medida en que estamos condicionados (esto es, influenciados consciente e inconscientemente por cosas como la lujuria, la envidia, la ira, la codicia, el egoísmo, etc.) podemos decir que no somos aún dignos de confianza (en relación a lo que esté sonando dentro de nosotros), y que por ende debemos saber poner un filtro a aquello que suena dentro de nosotros, y no simplemente tomar cualquier cosa que se aparezca e intentar llevarla a la práctica considerándola como algo fidedigno.

¿Cuántas veces no "sentimos" cosas que, al llevarlas a la práctica, nos causaron el mayor de los dolores en nuestra vida?

Si yo estoy ebrio, intoxicado, esquizofrénico, con 40 grados de fiebre, deprimido, etc., en esos diversos estados sentiré muchas cosas, pero no puedo dar lugar a que todo ello que "siento" en tales momentos fructifique, pues ello me llevaría a la total ruina. Asimismo, si aún no nos encontramos del todo iluminados, debemos aceptar que aún existe en nosotros algún nivel de ilusión/confusión/ebriedad o como deseen llamarlo, y por ende, en tales momentos necesitamos la guía de personas sobrias, sanas, sensatas y que siempre tengan la visión correcta de la realidad. Esto es llamado en nuestra tradición guru, sastra y sadhu. El no hacer esto significa caer en alguna medida en una práctica sahajiya, esto es, artificialmente actuar o creerme situado en cierta etapa, cuando en verdad me corresponde ubicarme en otra plataforma aún...

En fin, estas palabras no son dirigidas con la idea de atacar ni criticar a nadie, sino simplemente como un intento de reflexión (que comienza por mí mismo), para replantearnos hasta qué punto las expresiones que a diario utilizamos (incluso en nuestras conversaciones espirituales) son apropiadas y certeras, y hasta qué punto debemos continuar hilando más fino, para así lograr reconocer aquellos aspectos dentro de nosotros que deben ser trabajados, para así continuar creciendo, purificándonos y algún día ojalá no muy lejano poder en verdad haber desarrollado la capacidad de escuchar nuestro corazón sin interferencia alguna, conversar con Paramatma sin entablar conversaciones paralelas con voces dañinas dentro nuestro, y actuar en base a sentimientos que sólo se enfoquen en ideas y actos 100% libres de todo interés egoísta.Es mi deseo que todos podamos avanzar en tal dirección a la mayor velocidad posible, acompañándonos mutuamente en semejante tarea gloriosa...

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No nos pertenecemos.
Uno de los principales problemas en nuestras vidas es creer que nuestra vida "nos pertenece", que "es nuestra" y no de "alguien más" (ya se imaginarán quién :)), y por ende nos sentimos libres de decidir sobre ella, de considerarnos los controladores y dueños de lo que creemos "nuestra" vida, de sólo nosotros intentar decidir en relación a ella, etc...
Pero al considerar la vida como "nuestra", ponemos sobre nuestras espaldas una innecesaria carga que no nos corresponde llevar, lo cual genera toda una serie de ansiedades y confusiones que tienen como origen este error garrafal. Todo esto surge del ego falso, quien constantemente ve todo en términos de mi/mío, intentando adueñarse de todo lo que se encuentre en su camino, sin detenerse a pensar si existe algún dueño y controlador por encima de sí mismo.

En lugar dejarnos llevar por semejante ola, intentemos entender a quién pertenece nuestra vida, a quien debemos darle esa vida que desde siempre ha sido concebida para ser entregada a alguien, para que alguien se vuelva dueño de ella, y dado que lo que estamos intentando dar ("nuestra" vida) no es algo barato, el dueño no puede ni debe ser cualquiera, por lo que se nos recomienda el dejarnos poseer 100% sólo por el amor absoluto, y volvernos propiedad exclusiva de Su dulce voluntad...
Así nuestra vida alcanzará la perfección, la perfección y el alivio de ya no pertenecerse a sí misma, sino más bien de haber encontrado el perfecto objeto donde reposar, la perfecta Suprema Persona que sabrá qué hacer con mi vida, mucho más de lo que yo mismo incluso sepa hacerlo.

Con estas palabras no deseo generar un entusiasmo por la irresponsabilidad que uno tiene sobre sí mismo en esta vida, sino que más bien podríamos decir que el llevar una vida de responsabilidad, compromiso, auto-control y demás virtudes en donde en ese sentido uno es estricto consigo mismo, todo ello nos llevará a la perfección de la responsabilidad, que es terminar realizando que nuestra vida no nos pertenece, y así entregarnos por completo ya libres de todo vestigio de falso ego a los pies del Supremo Encantador. Pero en fin, para llegar a semejante etapa debemos estar antes dispuestos a atravesar todo lo necesario que venga a purificarnos y así capacitarnos para entrar en semejante escenario, para bailar semejante danza en la eternidad.

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Sólo podremos ser compasivos y misericordiosos con los demás, en la medida en que seamos estrictos con nosotros mismos.

Esto significa que para lograr identificarnos y verdaderamente sentir lo que está aconteciendo en el corazón de los demás (compasión para con otros), para ello primero debemos dejar de estar tan apegados sólo a nosotros, e ir soltando cada vez más nuestros intereses egoístas (estrictos con nosotros).


Sólo así, soltando todo egoísmo dentro nuestro, tendremos la plena capacidad de sumergirnos en el corazón de todo/s lo/s que nos rodea/n...
¿No les resulta lo suficientemente atractiva tal propuesta?

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Compromiso
No existe el compromiso para con uno mismo. No existe el compromiso que no incluya a un segundo. Si sólo intento comprometerme conmigo mismo, esa actitud justamente demuestra mi falta de deseo por un real compromiso, el cual implique una relación con otras personas con quienes me estoy comprometiendo. De hecho, la base misma del amor es un total sentimiento de compromiso para con el amado. Amor sin compromiso se transforma en una cáscara parcial de lo que realmente debería haber allí. Cuando no hay compromiso, no hay amor, y en ese momento, podríamos decir que no estoy mostrando una preocupación por considerar a otra persona aparte de mí mismo, lo cual se traduce en pocas palabras como egoísmo concentrado, en donde el único objeto de meditación se vuelve mi propio ser con sus supuestas necesidades que no pueden incluir a otros, siendo esta conclusión una falacia de principio a fin: mis verdaderas y únicas necesidades incluyen obligatoriamente a los demás, a todos los demás. Si no llego a identificar mis necesidades en un plano universal, si no llego a visualizar cómo aquello que estoy necesitando es exactamente aquello que cualquier otro ser se encuentra también anhelando y buscando, hasta que no logre comprender esta unidad inherente a cada átomo incluso, no podré emprender exitosamente mi búsqueda del amor verdadero, y sólo me estaré embarcando en una expedición relativa, con un concepto del amor que se ve por completo mutilado por mi falta de visión, por mi negación a incluir ideales más amplios a la hora de considerar e intentar entender qué es el amor en sus más generosas manifestaciones, las cuales lo incluyen todo, e incluyen a todos, sin excepción posible.

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El termómetro que me permite saber si estoy apreciando en el nivel correcto, puede ser fácilmente establecido de la siguiente manera: si siento que a mi alrededor sólo existen cosas, personas y situaciones extraordinarias, eso indica que me encuentro apreciando en el nivel apropiado, el nivel que me corresponde.
Si en lugar de esto, sólo percibo cosas comunes, aburridas, a las cuales veo como ordinarias dentro de lo que es mi vida cotidiana, todo esto sólo muestra más y más que no estoy profundizando lo suficiente, y que por ende debo incrementar mi aprecio hasta el punto saludable justo, el punto en donde todo se muestra ante mí como en verdad es: extraordinario.

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¿Qué es lo más elevado, necesario y profundo para mi ser?
Todo aquello que en mi presente situación condicionada le moleste a mi ego falso, eso es lo mejor para mí:
Si a mi ego caprichoso e independiente le cuesta y molesta tener que ejercitar la humildad y la sumisión, entonces estas cualidades son lo mejor para mí.
Si a mi mente descontrolada le fastidia tener que ser paciente, comprensivo, tolerante y sincero, entonces todo esto es lo mejor que podría hacer por mí. (O sea, por el alma)
Y así sucesivamente, de esta manera podemos dilucidar cuáles son aquellas cosas que realmente no debemos soltar (o debemos cultivar), y cuáles aquellas que sí deben ser disueltas dentro de nosotros.
Cada día que pasa, intentemos identificarnos cada vez un poco menos con nuestro ego falso, con nuestra mente, y acerquémonos al mundo del alma, con todo lo que ello implica.

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Arrepentimiento
Todos podemos balbucear cómodamente desde el palco del mundo de lo teórico, pero realmente pocos son aquellos que despiertan al hecho de que el verdadero juego se vive desde dentro del terreno de lo práctico, sólo allí comienza el verdadero juego (la verdadera vida llena de experiencias y realizaciones que se disponen a acompañarnos por siempre en nuestro viaje hacia el Infinito), y no simplemente convirtiéndonos en perfectos espectadores que sólo saben ver, sentir y considerarlo todo desde la óptica de la no-participación.

Y cabe aclarar que no sólo es suficiente el dar este gran salto que nos transporta desde el mundo de la teoría a aquel de la práctica: pese a que este primer paso es absolutamente fundamental si queremos comenzar a entender qué hacemos (y deberíamos hacer) aquí, aun así resta el saber desenvolvernos a plenitud en semejante pista de baile, y salir por fin exitosos luego de una extenuante y ardiente danza que todo lo consumirá, nuestro propio ser incluido.

Así como pocos son aquellos que se atreven a entrar a este tipo de movimientos, aún menos son quienes logran aprender a dar los pasos apropiados, los gestos precisos y encontrar el ritmo único que nos permitirá salir triunfantes hacia nuestro próximo desafío. Pero que nada de todo esto nos alarme, ni distraiga o quite fuerzas, pues la oportunidad de una nueva oportunidad siempre se encontrará presente, golpeando a la puerta del alma que sinceramente se arrepiente de no haber hecho las cosas tan bien cómo hubiera debido. Para tal entidad que no utiliza el arrepentimiento como una estrategia de marketing sino como una inevitable herramienta que se presenta a auxiliarle en medio de sus desesperados intentos por mejorar, la esperanza jamás podrá estar perdida. Y la esperanza jamás debería estar perdida, por lo que el arrepentimiento jamás debería ser algo perdido para nosotros, sino una de las actitudes que más deberíamos considerar detrás de cada una de nuestras acciones e intentos por acercarnos apropiadamente hacia la dulzura absoluta.Así, el arrepentimiento debe saber acompañarnos (o en todo caso somos nosotros los que deben saber volverse leales acompañantes de tan gran colega) a cada respiro estrictamente hablando, pues arrepentimiento implica el sentimiento de que aquello que hice puede ser hecho de mejor manera, aquello que siento puede ser sentido de mejor manera, aquello que vivo puede ser vivido de mejor manera: no sólo estamos hablando aquí de sentirnos mal por no haber hecho las cosas en determinado nivel, pues esto tan sólo sería un vago reflejo distorsionado del verdadero arrepentimiento, el cual sólo surge a partir de un falso sentido del yo en donde aún me considero un factor independiente a la gracia divina. Pero el real arrepentimiento no se ve principalmente predominado por el sentimiento de haber hecho mal algo, sino justamente de la idea de qué tan mejor puedo llegar a hacer eso, por ende impulsando a su portador a un efusivo deseo de cambio, de transformación inmediata para de esta manera intentar satisfacer ese nuevo nivel de demanda interna que pueda estar emanando desde dentro nuestro.

Podemos también mencionar que de esta forma, el arrepentimiento no es otra cosa que una de las más efectivas maneras de recurrir a una postura que nos haga evolucionar espiritualmente, o en cualquier otro campo de la evolución que podamos concebir incluso.
¿Por qué digo esto? Muy sencillo: este supremo recurso nos brinda la chance de volvernos cada vez más estrictos con nosotros mismos, y así alcanzar inconcebibles niveles de insatisfacción personal, todo lo cual bien canalizado no podrá sino llevarnos en la dirección apropiada, esto es, en la búsqueda por satisfacer demandas internas cada vez más exigentes, que a su vez terminará transportándonos cada vez con mayor agilidad hacia el terreno de lo divino, en la medida en que nuestra demanda crezca sanamente, sea nutrida con propiedad, criterio y guía apropiada y termine por fin catapultándonos hacia la eternidad.


Pero como el lector atento podrá notar, todo esto puede convertirse en una de las más peligrosas armas de doble filo que el ser humano pueda conocer, si no se sabe lidiar con semejante propuesta de manera apropiada. El arrepentimiento nunca debe ante todo perder su sentido práctico, o sea, nunca debe dejar de llevarnos hacia una situación mejor: si esto no ocurre, sepamos que aquello que podemos estar considerando como una forma genuina de arrepentimiento no es más que otra de las interminables facetas en las que nuestro propio falso ego se hace presente ante nosotros, confundiéndolo todo. Por ello, el síntoma que garantiza la presencia real de este ángel que constantemente busca rescatarnos, es que aquel que en verdad se encuentre experimentando en plenitud su gracia y virtudes, se verá invadido de un urgente impulso por progresar en lo interno, un tipo de inquietud imposible de contener, imposible de detener por dentro, que nos arrastrará casi a la fuerza a vivir un nuevo y mayor tipo de adultez espiritual.

Por otro lado, no está de más decir que el arrepentimiento representa una de las mayores muestras de desapego que el ser puede exhibir. Digo esto debido a que para llegar a arrepentirme de algo, es porque considero eso como algo inferior, como algo ya digno de mi rechazo, y mantengo sobre tal concepto un ideal mucho más abarcativo y generoso. Pero el punto es, que aquello que era mi nueva meta a alcanzar y por ende algo de lo cual nunca me arrepentiría sino que más bien es el objeto de mi actual anhelo, un momento más tarde puede tranquilamente volverse el objeto de un nuevo nivel de arrepentimiento, en donde mi pasada perfección no ha hecho más que volverse presente imperfección.En este sentido podríamos entonces decir que el verdadero desapego es representado a través de un verdadero arrepentimiento, y que el verdadero arrepentimiento sólo puede ser apropiadamente expresado a través de un constante espíritu de desapego, de renovamiento: nadie debería arrepentirse sólo una vez en la vida.

Alguien que considera el arrepentimiento como un momento necesario que quizás no tenga por qué repetirse luego de un primer intento, no comprende a cabalidad la interminable invitación a la cual nos invita el mundo del arrepentimiento: aquel que aprende a sumergirse en sus aguas como es debido, encontrará que no es necesario salirse de ellas nunca más, y por el contrario sentirá una irresistible atracción a ahondar en grados más profundos de semejante océano, a la espera del próximo tesoro a develarse.

El arrepentimiento podría de esta forma ser debidamente considerado como una sana adicción, siempre y cuando como mencionamos la misma se bien llevada, con una consistente asesoría personalizada que nos ilumine sobre las dosis apropiadas a aplicar en nuestro caso específico. Esta nueva droga podrá eliminar y poner fin dentro de nosotros a incontables elementos putrefactos, factores que no hacen más que obstruir nuestra correcta visión de las cosas. Quien sabe arrepentirse, encontrará que no puede dejar de hacerlo. Encontrará que no puede volver a hacer otra cosa en la vida que no se vea inspirado por este constante espíritu de auto-exigencia. En semejantes y dichosas etapas, ya no habrá vuelta atrás. Oro pudiendo acercarme a tales planetas.

Y la entrada a semejante reino encantado posee su precio, pues no sólo debo estar dispuesto a entrar allí, sino también a hacerlo en esferas cada vez más dinámicas de este tipo de intercambio, en donde este perenne reciclaje adquiere dimensiones que por momentos parecen sobrepasar mis propias capacidades, moviéndose con una velocidad que supera cualquier tipo de expectativa y capacidad de entendimiento racional. Pero en ningún momento debo dudar de que cuento con un apoyo fuera de lo común (o sea fuera de mí mismo) que sabrá cómo hacerme sobrevivir en medio de cualquier tempestad que aparente presentarse ante mí.

Que entonces el arrepentimiento sepa convertirse en parte integral de nuestra existencia, en donde no sea visto por nosotros como un elemento temporalmente necesario, sino como alguien que se dispone a acompañarnos desde hoy y para siempre, y el cual nos permitirá, incluso ya siendo habitantes del plano eterno, adquirir nuevos y constantes niveles de entrega, rendición y amor divinos, siendo por siempre impulsados por esta sobrenatural fuerza que todo lo logra transformar en algo siempre mejor.

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Sacrificio
Todo lo que puedo obtener sin la necesidad de sacrificarme, no es algo que realmente necesito en mi vida. No es algo que en verdad sume, sino que será algo que terminará volviéndose una carga innecesaria en mi trayecto hacia el infinito.
El sacrificio es el elemento esencial que debemos aprender a valorar y apreciar en todo y en todos, y con esto hablamos de diversos niveles de sacrificio: sacrificio físico, mental, intelectual, del ego, etc. ¿Hasta qué nivel estoy dispuesto a entrar en el fuego? ¿Hasta qué dimensión de mi propio ser estoy listo a sacrificar?


Sacrificio implica renacimiento, implica una constante muerte y un constante redescubrimiento de mí mismo, del potencial depositado en mí desde tiempo inmemorial y el cual debo saber agradecer en la forma de una constante búsqueda por conocer las dimensiones insondables de aquello que se me quiere obsequiar.

El sacrificio es la verdadera muestra de que quiero algo real en mi vida. En la medida en que estoy dispuesto a sacrificarme, en esa misma medida me encuentro abrazando mi ideal presente, o en otras palabras: mi ideal debe ser medido en base a mi nivel de sacrificio por dicho ideal. Existen diversos niveles de ideales, y asimismo existen diversos niveles de sacrificio dentro de dichos ideales, por lo cual debemos saber localizar nuestra ubicación actual dentro del mundo del sacrificio y del idealismo, y una vez que sinceramente hayamos puntualizado nuestra posición, continuemos avanzando desde allí con las herramientas y actitudes que nos sean necesarias para esa etapa en particular.

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Estructuras
La verdadera vida sólo puede estar compuesta de una constante re-estructuración de nuestro ser en todos sus niveles. Este tipo de movimiento interno será el que garantice la presencia de genuinas realizaciones, y la total ausencia del fantasma del estancamiento el cual amenaza de forma constante al practicante sincero.

Algunas estructuras deben permanecer por siempre, y las mismas ayudarán a mantener y sostener nuestros anhelos y votos. Otras estructuras ocuparán simplemente un lugar temporal y pasajero, no por ello menos importante mientras tengan que estar presentes, y por ende debemos saber cuidarlas y mantenerlas presentes mientras se requiera, pero a su vez debemos saber retirarlas sin apego ni nostalgia cuando sea el momento de invitar a nueva estructura a habitar el hogar de mi fuero interno.
Cada estructura que debemos incorporar implica generalmente la partida de otro patrón añejo, que ya ha cumplido su función y puede ya retirarse con todos los honores. No forcemos su presencia dentro del habitáculo de nuestro criterio, sólo hará el ridículo una y otra vez.

Si no estamos dispuestos a morir una y otra vez, a ser desestructurados y re-estructurados todas las benditas veces que sea necesario, estrictamente hablando no estamos aceptando la principal sección del reglamento del juego llamado vida.
Y por no aceptar semejantes condiciones, nos veremos imposibilitados de participar activa y exitosamente en esta aventura. No nos terminaremos de sentir participantes de la vida, pues la esencia de la vida misma es un constante movimiento, un constante desafío, un constante cambio, y aquel que se oponga a semejante ley sagrada, quedará de inmediato fuera de la vida: por más que externamente se le vea aparentemente siendo un miembro activo de ella y participando con plenitud en sus diversos movimientos, desde el plano de la consideración interna no estará generándose el más mínimo acontecimiento que valga la pena mencionar.


Estar dispuesto a cambiar implica estar dispuesto ser cada día más yo, a intentar estar cada día más cerca de aquello en lo que me debo convertir. Mucha valentía se requiere para poder aceptar que aún no soy aquel/lo que me está esperando, y mantener semejante auto-exigencia por siempre, pues en el plano del verdadero amor, de los verdaderos sentimientos, el que realmente está sintiendo algo no podrá evitar sentir que eso puede ser mejorado, pulido y desarrollado ad infinitum.

Alguien que está dispuesto a adaptarse para terminar contemplando la perfección del plan divino detrás de todo, es alguien que ha comprendido el propósito real de cada instante que se acerca a nosotros. Alguien quien incansablemente no se detiene y continúa en perenne movimiento interno, es alguien que sale triunfante en esta vida. Alguien que está dispuesto a transformarse en algo quizás hasta hoy desconocido para él mismo, pero no por ello menos necesario para satisfacer el plan divino, es alguien que ha encontrado su lugar, su rol perfecto.

Este principio sabe aplicarse a momentos en donde se siente una absoluta necesidad de romper con ciertos patrones establecidos incluso al nivel de una institución religiosa, la cual intenta promulgar valores más allá del tiempo y el especio, pero siempre sabiendo lidiar con las limitaciones que nuestra presente condición relativa implican. Y lograr armonizar ambos mundos es a menudo una ardua tarea sólo reservada para espíritus del todo revolucionarios y capaces de afrontar los más despiadados niveles de crítica, condena y rechazo, tan sólo por intentar con la mejor de sus intenciones, el aplicar los principios eternos dentro de un contexto contemporáneo.

Semejante intento posee un valor incalculable, así como un precio que muy pocos estarán dispuestos no sólo a pagar, sino a reconocer la necesidad de tal pago: sólo aquellos dotados de una excepcional y penetrante visión podrán sentir la constante necesidad de una re-adaptación y apropiada presentación de un determinado mensaje en una sociedad en particular, apuntando a cierto blanco específico, y a lograr aplicar todos estos criterios tanto a nivel masivo como en el plano individual, de acuerdo a los requerimientos de cada practicante, incluyendo e incluso comenzando diría yo, por uno mismo, para que así toda la campaña que sea llevada a cabo no se vea manchada por la falta de auto-aplicación de cada uno de los sagrados principios a la propia vida de aquel que intenta pregonarlos con la mayor sencillez posible.

El dolor purifica y bendice, cuando es aceptado con humildad. Con humildad en verdad todo termina adquiriendo esas cualidades tan vivificantes. En este caso el dolor es fundamental: una de las cosas más importantes es saber dirigir el dolor apropiadamente, saber qué hacer con este elementos que se acerca a bendecirme a mi vida y que en general es uno de los factores más malinterpretados, rechazados y difamados de la historia de la humanidad.

El dolor se acerca con un propósito siempre superior, y es nuestro deber saber visualizar este trasfondo, para de esta manera lograr reciprocar como es debido, y no convertirnos en anfitriones maleducados que no poseen modales para brindar el trato correcto al huésped de ocasión, de acuerdo a su status específico.

Y muchas veces este dolor nos hablará los gritos, nos hará virtualmente volar por los aires, sacudiendo nuestro ser todo y de esta forma permitiéndonos ver las cosas desde una perspectiva diferente a la cual veníamos acostumbrados: el dolor es eso, un movimiento violento que nos termina sacando de nuestra postura estoico y pretenciosa, amorosamente obligándonos a ver las cosas desde un ángulo que hubiera resultándonos imposible contemplarlo, a menos que alguien o algo nos arrastre brutalmente hasta allí. Y una vez que se nos revela semejante paisaje inédito, se incrementa el elemento de comprensión dentro de nosotros, y así el dolor se vuelve un factor de revelación, un elemento que irrumpe inesperadamente en mi vida para llevarme a una nueva manera de considerar las cosas, por más que incluso no quiera (pero sí necesite). Por lo que le debemos un gran y profundo agradecimiento a este gran amigo llamado dolor, el cual no es otra de las múltiples facetas en las que el amor supremo elige y considera presentarse ante nosotros.

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Las relaciones vienen a probar de forma innegable dónde nos encontramos, y sobre todo dónde anhelamos poder encontrarnos. No escapemos a ese termómetro que todo lo muestra, que todo lo evidencia. Abracemos con toda nuestra fuerza el desafío que cada relación representa para nosotros, intentando a través de ello vernos a nosotros mismos, aprender de todo lo que veamos reflejado en el espejo de nuestros vínculos, y siempre y por siempre seamos los primeros en tomar la iniciativa de cambiar lo que haya que cambiar, de decir lo que haya que decir, seamos pioneros en este aspecto, sin esperar a que ocurra por fuera algo que siempre debo exigir que ocurra por dentro.

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Que este año 2013, y no sólo este año, sino cada mes, semana, día, hora, minuto e instante en la vida de cada uno de ustedes, se vuelva una perpetua meditación en donde a cada respiro podamos incrementar nuestra conciencia de todas aquellas cosas que son fundamentalmente vitales para cumplir el propósito de nuestras vidas: obtener el logro del amor perfecto.

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Pasos a seguir de forma obligatoria, si es que deseamos hacer una verdadera crítica constructiva 1) Antes de permitirme ver algun defecto en la otra persona, primeramente hacer un profundo e intensivo análisis de mí mismo, intentando reconocer y ubicar todos mis propios errores e impurezas. Y no sólo esto, sino pedir a mis bienquerientes cercanos que ellos mismos también me marquen aquellas cosas que consideran que debo cambiar y mejorar, y aceptar todas estas sugerencias con plena sumisión y entusiasmo, sin dejar que mi ego falso se sienta atacado, sino más bien logrando percibir la muestra de afecto que existe en este tipo de intercambios.


2) Luego de haber pasado esta etapa, puedo dirigirme a la otra persona pero sin aún permitirme ver defecto alguno: primeramente debo apreciar todas las virtudes y buenas cualidades que se encuentren presentes en tal persona, y para ello muy probablemente tenga que hacer un titánico esfuerzo, orando por tener la humildad suficiente que me permita ver lo bueno en el otro por encima de cualquier otra consideración superficial, sin que en mí surjan fantasmas como la envidia, la competencia, el desánimo de ver que el otro quizás posee alguna cualidad que yo no tengo, y demás aspectos de uno mismo que suelen entrometerse en el camino a la hora de intentar apreciar lo bueno en los demás.

3) Si he logrado pasar estas dos primeras etapas exitosamente (y el veredicto final sobre si fui no exitoso o no, no debería ni siquiera dármelo yo mismo -pues existe toda una probabilidad de caer en la falta de objetividad al considerar mi propio caso-, sino que el mismo debería ser establecido en base a la opinión de mis guardianes y guías), y si aún considero que hay algo en la otra persona que debería mencionarle para ayudarlo a mejorar su propia existencia, puedo acercarme a dicha persona, la cual se convertirá en el objeto de mi crítica constructiva, y mencionarle muy amable y humildemente aquello que yo considero que debería ser modificado para el bien de todos.

Y un punto fundamental a tener en cuenta para no arruinar a último momento este proceso: yo no debería tener la audacia de emitir crítica alguna sin antes estar yo mismo dispuesto a acompañar a la persona que recibirá mis palabras, de contenerlo y estar dispuesto a dedicar buena parte de mi tiempo y energía para ayudarle a superar aquello que yo le señale como “defecto”. Si en mí no existe tal predisposición al sacrificio, entonces será mejor mantener mi boca cerrada y no cometer el craso error de ver defectos en los demás, pues el error será sólo mío, sino he atravesado todas las etapas señaladas aquí exitosamente.

Y para aquel que ha logrado pasar todas estas etapas a la perfección, tal persona será capaz de realizar una verdadera crítica constructiva. Y tales personas son absolutamente necesaria en este mundo y en nuestras vidas, más y más de ellas. Por lo tanto debemos sentir una urgente inspiración en poder desarrollar todas las aptitudes necesarias para ser capaces de generar una verdadera crítica constructiva, la cual hará sentir a la persona “criticada” un profundo afecto y preocupación de nuestra parte, y semejante crítica sólo será percibida como un intercambio afectuoso que nos permitirá profundizar en nuestra relación con los demás, ayudarnos mutuamente a cambiar todo aquello que es necesario pulir paramantenernos siempre vivos en la senda del eterno progreso, mantener una estricta postura para con nosotros mismos (en el sentido de siempre estar atentos a aquello que debemos mejorar y corregir en nuestra vida) y desarrollar un verdadero sentimiento de compasión y misericordia hacia los demás, correctamente dirigido y aplicado.

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En el día del trabajador, envío mis saludos y felicitaciones a todos aquellos obreros del corazón, los verdaderos trabajadores: pues el real trabajo siempre es interno, no podemos limitar la acción y el trabajo (que siempre debería culminar en algo artístico) a algo simplemente burdo y material, la acción real comienza desde el interior, y en un día como éste debemos aprovechar el feriado y el "no hacer nada" que implica este tipo de días, para justamente detenernos quizás por fuera, para realizar un profundo replanteo por dentro, que nos lleve a evaluar qué tan buenos trabajadores estamos siendo, qué tanto nuestra obra se ve motivada por el deseo de dar, servir, amar, en lugar de un simple apego al resultado, una acción basada en querer disfrutar egoístamente del resultado de la misma...no, no, no, por favor, que el arte del verdadero trabajo se manifieste en nuestras vidas, y en la medida en que eso ocurra, podremos con razón decir: Feliz día del Trabajador!